El Cuarto Mandamiento, que en el contexto cristiano es "Honrarás a tu padre y a tu madre", no solo se refiere a la obligación de los hijos hacia sus padres, sino también a las responsabilidades de los padres hacia sus hijos. Los padres pecan mortalmente si descuidan significativamente a sus hijos en aspectos tanto corporales como espirituales. Esto incluye no protegerlos de grandes males, no usurpar sus bienes, no desheredarlos injustamente, no forzarlos a tomar un estado (como el sacerdocio o matrimonio) contra su voluntad, y no impedirles escoger virtuosa y libremente su propio camino.
Además, los padres deben proporcionar medios de subsistencia y alimentos necesarios incluso a hijos ilegítimos. Los hijos, por su parte, tienen la obligación de asistir a sus padres en situaciones de necesidad grave, no maldecirlos ni desearles grandes males, cumplir con sus testamentos y mandatos importantes, y no despreciarlos ni hacerles gestos injuriosos.

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