"Con el diablo no se juega", las prácticas de brujeria , son frecuentemente subestimadas o vistas como inofensivas, tales como la adivinación, el uso de amuletos, la brujería y otras prácticas esotéricas. Estas actividades, argumenta el sacerdote, no son meros pasatiempos o formas de entretenimiento, sino que constituyen verdaderas puertas de entrada para la influencia demoníaca en la vida de las personas.
el diablo no es un mito o una figura creada por la Iglesia para asustar a los fieles. Más bien, lo describe como una criatura espiritual real, cuya existencia y acción destructiva son verdades de fe incuestionables. Valdemar advierte que, aunque una persona no entre deliberadamente en relación con Satanás mediante un pacto o invocación, simplemente abrir ciertas puertas, ya sea de manera consciente o inconsciente, puede permitir que el maligno entre en sus vidas y las destruya.
Las Consecuencias Espirituales y Psicológicas de las Prácticas Esotérica
En su artículo, el P. Valdemar detalla las graves consecuencias que ha observado en personas que han participado en estas prácticas. Como confesor en la Catedral de México, ha sido testigo de numerosos casos en los que individuos, después de involucrarse en lo que creían que eran juegos inocentes o actividades de entretenimiento, han sufrido consecuencias devastadoras. Entre los efectos que menciona se encuentran desequilibrios mentales, psicológicos y espirituales, enfermedades inexplicables, insomnio y fatiga crónicos, ansiedad y depresión aguda. Estas no son consecuencias triviales y, según Valdemar, son pruebas claras de la influencia maligna que estas prácticas pueden tener en la vida de las personas.
Además de los efectos mencionados, el sacerdote señala que estas prácticas pueden llevar a obsesiones sexuales, odios encarnizados, deseos de venganza, e incluso a crímenes. Esto, según él, demuestra que no se trata simplemente de fenómenos psicológicos, sino de una verdadera infestación espiritual que puede arruinar la vida de una persona y condenar su alma eternamente.
El P. Valdemar no se limita a advertir sobre los peligros de la adivinación y la brujería, sino que extiende su advertencia a una serie de otras prácticas que considera igualmente peligrosas. Entre ellas menciona el espiritismo, los horóscopos, la santería, el culto a la Santa Muerte, el Halloween, el yoga, las limpias y los chamanes, así como prácticas paganas ancestrales. Según Valdemar, todos estos son medios que abren las puertas a la obra destructora de Satanás en la vida de las personas, infestando sus hogares y exponiendo sus almas a la condenación eterna.
El artículo del P. Valdemar concluye con un llamado urgente a la reflexión y a la conversión. Advierte que participar en eventos como el "Aquelarre Fest CDMX" o cualquier otra actividad relacionada con la adivinación y la brujería no es un juego inofensivo, sino que puede convertirse en la ruina de la vida de una persona y en la perdición de su alma. Insta a los católicos a no caer en estos engaños y, si ya lo han hecho, a recurrir inmediatamente al sacramento de la confesión y a renunciar a Satanás y sus obras antes de que sea demasiado tarde.
El mensaje del Padre. Valdemar es claro y contundente: las prácticas esotéricas y paganas no son inofensivas. Al contrario, representan un grave peligro espiritual que puede tener consecuencias devastadoras en la vida de quienes se involucran en ellas. Su advertencia se basa en años de experiencia pastoral y en la convicción de que el maligno es real y está activamente buscando destruir las almas de los fieles. En un mundo donde estas prácticas son cada vez más comunes y socialmente aceptadas, el llamado del P. Valdemar a la vigilancia espiritual y a la fidelidad a la fe católica es más relevante que nunca.

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