estaba sentado en la puerta, no lo veían

 


 San Columbano, Abad, corregía a Teodorico, rey de Francia yendo a ver a Brunequilda, reina madre de Teodorico. 

Cuando llegó, la reina lo recibió con dos niños, hijos del rey. Al verlos, San Columbano dijo

'Estos hijos son fruto de la fornicación, no de reyes'.

Brunequilda, enojada por estas palabras, mandó que nadie hospede a Columbano y comenzó a perseguirlo. Columbano fue entonces a ver al rey para reprenderlo, y el rey lo recibió con reverencia. 

Después de despedirse, el rey le envió comida, pero Columbano dijo: 'El sabio dice que el Señor rechaza los dones de los malvados. En ese momento, los recipientes en los que llevaban la comida se rompieron y todo se derramó. Los criados, asustados, fueron a informar al rey. 

Entonces, el rey y su madre fueron a visitar a Columbano e hicieron grandes promesas de enmienda, pero estas no duraron mucho, pues la madre pronto incitó a su hijo a desterrarlo. Enviaron soldados al monasterio para llevarlo, pero Dios los cegó de tal manera que, aunque San Columbano estaba sentado en la puerta, no lo veían, aunque él sí los veía a ellos y se reía de su ceguera. Finalmente, Columbano se alejó para que Dios no los castigara."

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