San Dionisio Areopagita dice de sí mismo que cuando vio a la Virgen Santísima por primera vez, tuvo tan grande admiración en ver aquel templo vivo de Dios y aquella modestia, gravedad y aspecto tan venerable, que si la fe no le hubiera enseñado ser la Virgen pura criatura, habría creído que era algo mayor que una criatura. Así, su vista y modestia provocaban en todos una gran honestidad y toda clase de virtud.
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