Trinidad sacrosanta e inefable



 Trinidad sacrosanta e inefable, Padre, Hijo y Espíritu divino, uno en esencia, y en personas trino, aceptad de su fe la oblación tierna, y dadle por piedad la vida eterna.

Casi asegurada, sal alma, sal del cuerpo confiada, de tus culpas el número te acusa, mas la firmeza de tu fe te excusa, unida con la santa penitencia. Del Señor ha obtenido la clemencia, y ya al cielo ha volado exhalada, para buscar asiento en su morada.

Bien sé, mi Dios, que la mayor fortuna es obtener la fe desde la cuna, y haber nacido en país cristiano, donde la graba tu divina mano, ser hijo de la Iglesia reverente, y haber bebido en su divina fuente las primeras sagradas impresiones, para apreciar tus soberanos dones.

Pero no basta creer lo que ella ordena, la fe impone también obligaciones, y el cristiano, enlazado en su cadena, rendido a sus preceptos se somete, y lleno de respeto, de amor lleno, hacer lo que ella manda le promete. El hombre ha contraído grande empeño, y se debe aplicar al desempeño. Cuando la fe se explica, él enmudece, mas también cuando manda, él obedece.

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