El Abad Beneo, según refiere Paladio, era de la orden Benedictina. Tenía un aspecto angelical y la alegría de su rostro elevaba al cielo el corazón de quienes lo miraban. Nadie lo vio jamás enfadado, ni jurar, ni mentir. En sus palabras era tan circunspecto que nunca nadie lo vio descompuesto en ellas. Aunque era grande a los ojos de todos, solo en los suyos era vilísimo.
San Antonio Abad en su vida que la gracia y composición de su rostro mostraban, como un fidelísimo espejo, la que su alma tenía tan copiosamente.
Alegraba a todos con solo su vista y tenía el rostro alegre, como hombre que siempre pensaba en las cosas celestiales. Era tal que, aunque uno jamás lo hubiera visto, lo reconocería entre muchos miles por el exceso de gracia que resplandecía sobre todos los demás. Esto es lo que dijo la Esposa de su Cantar de los Cantares sobre su Esposo, que era blanco y colorado, escogido entre millares. Aunque estas palabras convienen a Cristo por excelencia, también aplican a Antonio por participación.
Comentarios
Publicar un comentario