Necesariamente, para salvarnos, debemos tener conocimiento de unos Misterios de Fe, y estamos obligados a saber otros bajo pena de pecado mortal.
Para conseguir la salvación, es preciso saber que hay Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, la venida de Cristo nuestro Bien al mundo, y el Misterio Santísimo de la Trinidad. Por precepto, estamos obligados los cristianos a creer y pronunciar con inteligencia en cuanto a la sustancia, y aunque no con las voces precisas, el Credo, el Padrenuestro, los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, y los Sacramentos de Bautismo, Eucaristía y Penitencia, y los demás si los quiere recibir.Algunos moralistas dicen que se les puede absolver a los que no saben el Padrenuestro y el Avemaría; pero una vez que tenemos precepto eclesiástico para saberlo, creo firmemente que lo más seguro es no absolverlos, porque no parece muy amante de la Fe el que no se quiere aplicar a saber una cosa tan fácil y tan breve como dos preceptos por donde se ha de averiguar lo católico.Obliga el precepto interior de la Fe a todos los niños cristianos que se crían entre católicos, luego que tienen uso de razón; precisa también a los fieles ya crecidos cuando están ya desengañados de la falsedad de las demás sectas y religiones; nos obliga cuando padecemos alguna grave tentación y desconfianza de los Misterios; obliga cuando exteriormente se ha de hacer profesión de la Fe con algún acto virtuoso de Esperanza, Caridad y Penitencia, que presuponen el acto de Fe. Confesar interiormente la Fe siempre nos obliga; publicarla en lo exterior estamos forzados por derecho natural en dos casos: el primero es cuando se le quita a Dios la honra y la adoración que se le debe, o al prójimo la utilidad de su salvación; en segundo lugar, están obligados a hacer profesión externa de la Fe y con juramento de obedecer a la Iglesia Católica Romana, b

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