En la vida de nuestro padre Ignacio se cuenta cómo fue un día a visitar a un doctor de París. Halló al padre Ignacio jugando a los trucos y le importunó al padre que jugase (lo cual nunca había hecho, ni sabía aquel juego). Pero su importunación fue de manera que le dijo:
—Sea, señor doctor, con esta condición: que si me gana, haré yo treinta días lo que me mande; y si yo ganare, haga lo que yo quisiere otros tantos.
Y admitido el concierto, comenzaron a jugar, y sin dejarle ganar al doctor, le ganó el juego y le hizo hacer treinta días de ejercicios espirituales y confesarse generalmente, lo que fue principio de su salvación. Y el compañero de Ignacio, cuando iba ganando, decía:
—Señor doctor, el dedo de Dios es este, no San Mamante mártir.

Comentarios
Publicar un comentario