Los santos y todos los bienaventurados están libres de su pena y trabajo, y de su desventurada suerte. Al ver a alguien en trabajo, se compadecen de él, lo cual les sirve de consuelo y es parte de aliviarle la pena. Porque la tristeza, como dice Aristóteles y lo refiere Santo Tomás, es un gran peso que el hombre lleva a cuestas, y por eso en la Escritura se llama "onus" (carga), y en nuestro romance vulgar se llama "pesar". Llorar con los que lloran y entristecerse con ellos es como ayudarles a llevar la carga que llevan, y así lo imaginan ellos, y con esa imaginación no se les hace tan pesada. Por el contrario, imaginar o entender que no nos pesa su pena suele hacerles el pesar y el sentimiento mayor.
Los justos, pues, en el día del juicio, no solo no tendrán pesar por la condenación de los malos, aunque sean los mayores amigos que tuvieron en el siglo, aunque sean sus padres o hijos, sino que mostrarán tener contento y lo tendrán. El Salmo 57 dice, es decir, el justo se alegrará (por el celo que tiene de la justicia) cuando vea la venganza que Dios tomará de los pecados y de los pecadores, y lavará sus manos en su sangre. Quiere decir: Se verá inmune y libre de sus culpas y penas, y dará a Dios mil gracias por ello. No solo no llorará viendo llorar al pecador, sino que se estará riendo. El Salmo 52 dice: verán su condenación tan terrible y se espantarán, y con todo eso, se reirán de él y dirán: " Este es el hombre, ¿no veis en qué ha parado el pecador, el soberbio, el que no hizo caso de Dios ni quiso ser ayudado por él, el que puso toda su confianza en la multitud de sus riquezas y prevaleció en su vanidad?

Comentarios
Publicar un comentario