De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su propio Hijo



Es necesario considerar atentamente dos cosas: en primer lugar, el amor de Jesús hacia los hombres y, en segundo lugar, lo mal que los hombres corresponden a Jesús, pagándole con injurias las finezas, especialmente las que Él hace continuamente en el adorable Sacramento del Altar. Si se comparan bien estos dos extremos, se verá claramente cuán noble, santa y digna de un cristiano es la práctica de esta correspondencia y reparación. Considerémoslo brevemente.

En cuanto a lo primero, queriendo Jesús declararnos la inmensa caridad de su Eterno Padre para con los hombres, se explicó con estas palabras: "De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su propio Hijo, para que todo el que creyere en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna". Acomodemos nosotros a Jesús esta divina sentencia, pues creo que no se hallará otra más apropiada para explicar su indecible amor, y digamos:

Comentarios