Siendo el ocio, según el Sabio, el origen de todos los males, se puede afirmar que el único remedio eficaz para vencer la pereza es no estar jamás ocioso. Leer buenos libros, considerar el gran premio que Dios promete al que es diligente en la observancia de los mandamientos divinos y la pena eterna e intolerable que tiene preparada para los negligentes, son acciones que ayudan a combatir la ociosidad y sus consecuencias negativas.

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