Amado Redentor mío, vida del alma mía, creo que sois el único bien digno de ser amado. Creo que sois el mayor amador de mi alma, pues vos sólo por mi amor habéis muerto acabado de dolores. Creo que en esta vida y en la otra puede caberme en suerte mejor fortuna que amaros y cumplir vuestra voluntad. Todo lo creo firmemente, y por eso renuncio a todo para entregarme totalmente a vos y no desear nada más que a vos. Por los méritos de vuestra pasión, ayudadme y hacedme ser lo que deseáis que sea. ¡Oh verdad infalible!, en vos creo; ¡oh misericordia infinita!, en vos confío; ¡oh infinita bondad!, os amo; a vos me entrego sin reserva, amor infinito, ya que os habéis dado todo a mí en vuestra pasión y en el sacramento del altar.
A vos me encomiendo, Madre de Dios, María, y refugio de pecadores.

Comentarios
Publicar un comentario