Santo Tomás aduce la razón, diciendo que, por cada orden sagrada que recibe el ordenando, se va aproximando al altísimo ministerio de servir a Jesucristo en el sacramento del altar; de donde concluye el santo Doctor que la santidad del sacerdote debe sobrepujar a la del religioso. «Ya que por las sagradas órdenes –explica– es uno deputado para altísimos ministerios, en los cuales se sirve a Jesucristo en el sacramento del altar; por eso se requiere mayor santidad interna que la que exige el estado religioso».
En otro lugar, y sobre el mismo propósito, añade que no habla tanto de los ya ordenados como de los ordenandos; las órdenes sagradas, dice, exigen santidad anticipada, esto es, que el sujeto, antes de ser ordenado, sea santo, y ésta es la diferencia que señala entre el estado religioso y las órdenes sagradas: que en el primero se trabaja para extirpar los vicios, mientras que en el segundo se los debe haber ya extirpado con la santidad de vida
. He aquí las palabras del Angélico: «Las órdenes sagradas piden anticipada santidad, al paso que el estado religioso es ejercicio de santidad; de donde se sigue que el gravísimo peso de las órdenes sagradas ha de ir fundadamente sobre paredes ya curadas por la santidad, mientras que el peso de la religión seca las paredes, esto es, desarraiga los vicios del corazón del hombre». En otro lugar vuelve Santo Tomás a explicar la misma materia, y dice: «y así como los que reciben las sagradas órdenes están en grado más elevado que los fieles, así deben ser ellos superiores por el mérito de santidad». Estos méritos y esta santidad los pide el Santo antes de la ordenación y los declara necesarios, no sólo para que el ordenando ejerza dignamente su orden, sino también, y muy principalmente, para que el ordenando pueda ser dignamente contado en el número de los miembros de Jesucristo: «Y por esto se exige una perfección de vida que sea bastante para que el ordenando pueda ser dignamente contado entre la milicia de Cristo». Y, finalmente, concluye: «Pero, además, en la recepción misma del orden se reciben mayor cúmulo de gracias, por las cuales el ordenando se haga idóneo para más altos ministerios».
Nótese la expresión para más altos ministerios, con la que se declara que la gracia del sacramento que se comunica en las órdenes, lejos de ser inútil al ordenando, le prestará mayores ayudas para hacerse digno de alcanzar mayores méritos, y al mismo tiempo indica la necesidad en que se halla de tener la gracia precedente, que baste para hacerle digno de ser contado entre la milicia de Cristo.

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