declaró a santo Domingo el demonio por boca de un poseso

 


Refiere Valerio Máximo que sitiando Coriolano la ciudad de Roma no bastaron a hacerle desistir todos los ruegos de sus conciudadanos y de sus amigos; pero cuando compareció a rogarle su propia madre, Veturia, ya no pudo resistir a sus ruegos y levantó el sitio. Más poderosa, sin comparación, que las de Veturia son las plegarias de María ante Jesús; y tanto más cuanto que este Hijo es infinitamente agradecido y es supremo su amor a esta su Madre amantísima. Escribe el P. Miechow: “Un solo suspiro de María es más poderoso que todos los sufragios de los santos”. Esto lo declaró a santo Domingo el demonio por boca de un poseso cuando el santo lo exorcizaba, conforme refiere el P. Paciuchelli, diciendo que vale más ante Dios un suspiro de María que las súplicas de todos los santos juntos.

Dice san Antonino que las plegarias de la santísima Virgen, siendo plegarias de madre, tienen como cierta especie de imperio, por lo que es imposible que no sea oída cuando ruega. Por eso le habla así san Germán, animando a los pecadores a que se encomienden a esta abogada: Teniendo, oh María, autoridad de Madre de Dios, obtienes el perdón a los más grandes pecadores, pues el Señor, que siempre te reconoce por su verdadera Madre, no puede dejar de conceder cuanto le pidas”. Santa Brígida oyó que los santos en el cielo decían a la Virgen: “¿Qué hay que tú no puedas? Lo que tú puedes, eso se hará”. Es lo que se dice en esta célebre sentencia: “Lo que Dios con su poder, tú lo puedes, oh Virgen, con tus ruegos”. Pues qué, dice san Agustín, ¿no es digno de la benignidad del Señor custodiar de este modo la dignidad de su Madre, siendo así que él declaró haber venido a la tierra no a abolir, sino a cumplir la ley; ley que manda, entre otras cosas, honrar a los padres?

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