tú el Hijo y Palabra del Padre, tú el Rey
de toda la creación. Tú, para salvar al hombre, tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen. Tú destruiste la muerte
Tú vives ahora, inmortal y glorioso, en el
reino del Padre. Tú vendrás algún día, como juez universal. Muéstrate, pues,
amigo y defensor de los hombres que salvaste. Y recíbelos por siempre allá en
tu reino, con tus santos y elegidos. Salva
a tu pueblo, Señor, y bendice a tu heredad. Por la entrañable misericordia de
nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que
viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el
camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
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