Mediadora de todas las gracias,

   


  

Mediadora de todas las gracias, todos los favores nos vienen de Jesús por medio de ella, como por ella nos vino el mismo Jesús. Queremos ser santos; pero conocemos que no hay santidad sin ella, porque ella fue el don que nos hizo Jesús en el Sanctus de su Cruz. No hay mujer que pueda olvidar jamás al hijo de sus entrañas. María ciertamente no puede olvidarnos. Por eso nosotros llevamos profundamente grabado en nuestros corazones que siempre que ella ve un niño inocente en la mesa de la Primera Comunión, o un pecador arrepentido caminando hacia la cruz o un corazón deshecho rogando que el agua de su vida malgastada se convierta en el vino del amor de Dios, ella, María, escucha aquella palabra: "Mujer, he ahí a tu hijo".   

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