el Santo le dijo que era indigna de que Dios la mirara,



Creedme, la mortificación de los sentidos, incluyendo la vista, el oído y la lengua, es más útil que llevar una cadena de hierro y el cilicio (San Francisco de Sales).

Una mujer confesó a San Francisco Javier que había mirado a un hombre con placer, y el Santo le dijo que era indigna de que Dios la mirara, ya que al permitir esa satisfacción, se exponía a perder a su Dios. Estas palabras la hirieron tanto que jamás se atrevió a mirar a nadie.

A San Luis Gonzaga le informaron que la Emperatriz a la que él había servido como paje durante dos años iba a Roma, donde él se encontraba, y que debería reconocerla. Él respondió: "Si me presento ante ella, la reconoceré escuchando su voz, pero no aunque la vea, porque nunca la miré con atención".

Una persona que solía hablar sin restricciones pidió a su director el permiso de usar cilicio para afligir su carne. Él, señalando la boca, le dijo: "El mejor cilicio para ti es prestar mucha atención a todo lo que sale por esta puerta".

Comentarios