Hasta ahora hemos aprendido a emplear ciertos
medios espirituales sumamente útiles para progresar en la virtud y salir
vencedores contra los enemigos de nuestra santificación. Ahora vamos a ver el
medio más excelente que existe para progresar en perfección. Es la Sagrada
Eucaristía. De todas las armas espirituales es la más eficaz para lograr vencer
a los enemigos de nuestra virtud y santificación.
Diferencia. Los otros sacramentos reciben
toda su fuerza en los méritos de Cristo, de la gracia que Él nos ha obtenido y
de su poderosa intercesión en favor nuestro. Pero la Eucaristía contiene al
mismo Jesucristo, con su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad. Con los
demás sacramentos combatimos a los enemigos del alma con los medios que nos
proporciona Jesucristo. Con éste combatimos apoyados y acompañados por el mismo
Redentor en persona, ya que Él dijo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en Mí y yo en él" .
LO QUE DEBEMOS HACER ANTES DE COMULGAR
Si en el alma tenemos una falta grave es
necesario que nos confesemos antes de comulgar, pues san Pablo dijo:
"Quien coma indignamente de este pan, será reo o culpable contra el cuerpo
del Señor" . Si solamente tenemos pecados veniales conviene, sin embargo
que le pidamos perdón al Señor por tantas pequeñas infidelidades de
pensamiento, palabra y obra que cometemos a diario: "Un corazón humillado
arrepentido, Dios no lo desprecia" (Sal 51). Debemos pensar "Quién
viene a quién". El Creador de cielos y tierra a una pobre y miserable
creatura. El puro y santo a un alma pecadora y manchada. Jesucristo viene con
muchísimo amor a nosotros, y en cambio le recibimos con frialdad, indiferencia
y hasta ingratitud. Pidámosle a Él que nos ayude a preparar bien su venida a
nuestra alma. Invoquemos a la Virgen Santísima, al Ángel de la guarda y a algún
santo de nuestra devoción para que nos consiga la gracia de prepararnos bien a
la Sagrada Comunión. No pasemos inmediatamente de las labores diarias a recibir
a Jesús en la Eucaristía sin dedicar unos minutos a prepararnos. Cuanto mejor
sea la preparación, más grandes serán los frutos de la comunión.
Pongamos alguna intención a cada comunión.
Esto le dará más interés y emoción a tan santo sacramento. Así por ejemplo un
día ofreceremos la comunión para pedir al Señor que nos conceda la victoria
sobre nuestro defecto dominante. Otro día comulgaremos para pedirle que nos
aumente la fe o la caridad, o que nos conceda la paciencia que tanto estamos
necesitando, o que nos conserve la santa virtud de la pureza, o convierta a
algún pecador, etc. Cuando se comulga con la intención especial de conseguir
alguna ayuda especial del cielo, se siente mayor fervor. Que Jesús no nos tenga
que seguir diciendo aquellas palabras suyas: "Hasta ahora no han pedido
nada en mi nombre". El sigue repitiéndonos su gran promesa: "Si me
piden algo en mi nombre, Yo lo haré" (Jn 14, 13).
Algo que conviene recordar y no olvidar.
Antes de recibir a Jesús en la Sagrada Eucaristía es conveniente recordar cuán
grande aversión le tiene Él al pecado y qué asco total siente su pureza
infinita por todo lo que es maldad y mancha del alma. Y por eso pedirle perdón
y declararle que odiamos nuestros pecados y que deseamos declarar guerra total
y constante a nuestras perversas inclinaciones y a las malas costumbres que
hemos adquirido. Nada odia tanto Nuestro Señor como el pecado. Hemos sido
rebeldes e ingratos con el Redentor, y sin embargo, viene a visitarnos.
Digámosle que en adelante no le queremos ofender.
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario