¿Qué es el espiritismo?

 


magia

Es evocar a los difuntos o a los espíritus, para interrogarlos. Evocar, esto es, provocar la presencia, casi siempre en forma no visible y no sensible, pero siempre con el fin de hacer preguntas para provocar la respuesta. Evocar a los difuntos, a las almas de los difuntos, es un concepto claro. No podemos decir lo mismo en cuanto a los espíritus. Sabemos la existencia de los espíritus puros, los ángeles, todos buenos, creados por Dios; sabemos que una parte de ellos, rebelándose a Dios, se transformó en demonios. No sabemos que haya más. Los espiritistas hablan de espíritus-guía, de seres no bien identificados, o citan otros nombres que apestan por fantasiosos, o sea, que se trata de invenciones humanas, totalmente inconsistentes.

Digamos inmediatamente que el espiritismo existe desde que existe el hombre. Dentro de todos los pueblos, aun los más antiguos, encontramos este deseo, esta tentativa, de hablar principalmente con los muertos, usando métodos y personas en conformidad con la mentalidad socio-cultural de la época o del pueblo. Quisiera anotar un aspecto positivo de estas tentativas, importante y en parte justificado por la humanidad privada de la luz de la revelación: se puede advertir una convicción innata de la inmortalidad del alma, aun antes de que grandes filósofos y pensadores presentaran argumentos racionales.

¿Por qué esta ansia de querer hablar con los difuntos? ¿Cuáles son los motivos principales? Creo que podemos resumirlos así:

l . La curiosidad o deseo de conocer. La curiosidad de ver si la tentativa tiene éxito o qué cosa se aprende, qué se dice, o mejor, qué se responde. O también el deseo de conocer si hay realmente el más allá, cómo es, cómo es allá la vida.

2.    Un segundo motivo puede ser el afecto hacia la persona fallecida, de la cual no se querría uno despegar, el deseo de hablarle, de saber cómo está, de sentirla viva y cercana.

3.    Quizá otro motivo es el interés de captar sucesos futuros, suponiendo que los conozcan los difuntos; o el interés de recibir consejos en los momentos de duda sobre qué sería lo mejor, o qué decisión tomar.

4.    Agrego otro motivo, sobre todo en el caso de evocación de los espíritus: el deseo de recibir protección, de obtener poderes especiales sometiéndoseles, o sirviéndose de ellos para propio uso o consumo.

Me parece que para quien tiene fe y el gran don de conocer las verdades reveladas, resultan claros los motivos por los cuales toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, y con la autoridad de la Iglesia, prohiben cualquier forma de espiritismo. Quien tiene fe busca y encuentra las respuestas a sus dudas en las palabras divinas. Dios ha hablado. Querer buscar las verda-

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des del mundo ultraterreno no dirigiéndose a Dios, sino siguiendo los caminos torcidos de expedientes humanos, es una culpa grave contra el primer mandamiento, es arrojarse en la superstición, es desviarse de la verdad para adherirse al error. ¿Quién es el que responde en las sesiones espiritistas? Pueden ser trucos, sugestiones, fenómenos paranormales o intervenciones diabólicas... Por eso son fuertes las condenaciones de la Biblia; basta citar la fuerte expresión, sobre la que volvemos a insistir: «Quien consulta a los muertos es abominación ante Dios» .

 Es igualmente claras las condenaciones eclesiásticas. Me limito a citar una: «No está permitido participar, con medium o sin medium, sirviéndose o no del hipnotismo, a sesiones o manifestaciones espiritistas, aunque tengan apariencia honesta o piadosa; tanto si se consultan almas o espiritus, como se oigan las respuestas; aunque sólo lo hagan como observadores». 

Es una respuesta bastante completa y adaptada a nuestro tiempo. Por ejemplo al decir con medium o sin medium, parece anticiparse a nuestros días, cuando las sesiones espiritistas se hacen con el juego de un vasito o de una moneda, con registrador, con televisor, con teléfono, con computadora y sobre todo con la escritura automática. Y cuando asegura «aunque tengan apariencia honesta o piadosa», parece prevenir ciertas formas y ciertos movimientos, al tipo del Movimiento de la esperanza, al que aludiremos más adelante.

En este punto queremos recordar brevemente la parte positiva, o sea lo que la revelación nos dice a propósito de los difuntos. En primer lugar nos dice que las almas de los difuntos van inmediatamente o al Paraíso, o al Purgatorio, o al Infierno. Es una verdad afirmada también por dos Concilios ecuménicos. el de Lyón y el de Florencia. Podrán venir algunas precisiones, pero el pensamiento expresado por la Biblia es claro y rico en consecuencias prácticas. La principal es: Tenemos sólo esta vida como período de prueba; no hay apelación. El Evangelio tiene expresiones que no dan lugar a duda. Por lo cual la historieta de la reencarnación, en la que creen las grandes religiones orientales y al presente la cree cuando menos una cuarta parte de los italianos, es inadmisible, está en neta contradicción con la fe en la resurrección, que está en la base del cristianismo. Los que no tienen fe pueden tener motivos de justificación, y quizá también la reencarnación se les presenta como una intuición de la inmortalidad del alma. Pero es un error imperdonable en quien posee la revelación y cree en la resurrección de la carne, que merecimos por la resurrección de Cristo.

La fe nos dice algo más sobre la actividad de las almas de los difuntos. Pensemos en el gran dogma de la comunión de los santos. Nos dice que las almas en el Paraíso pueden recibir nuestras oraciones e interceder por nosotros; las almas del Purgatorio pueden recibir nuestros sufragios y alcanzarnos gracias. Todo esto sucede no directamente, sino a través de Dios. Así podemos pensar que a través de Dios, nuestros queridos difuntos conocen nuestras actividades. Notemos un detallito en la parábola del rico Epulón: aunque éste está viendo a Lázaro en el seno de Abraham (que representa a Dios) no se dirige a Lázaro, sino a Abraham: "Dí a Lázaro... " Puesto que hay un abismo impasable entre nosotros y los difuntos, que viven en otra dimensión, la relación no puede ser sino a través de Dios.

Puede parecer que se haya dicho demasiado poco acerca de la actividad de las almas difuntas. Nosotros, los exorcistas frecuentemente nos encontramos frente a problemas que bien quisiéramos profundizar, dedicaremos un capítulo a este asunto.


Pienso que cuando los teólogos vuelvan a querer más la teología que la sociología, se podrá enriquecer más nuestro patrimonio de conocimientos, contenido en la Biblia, explícita o implícitamente. De todos modos es en la revelación en la que nos debemos basar. Quien quiera seguir los torcidos caminos del espiritismo, se aleja de Dios y de la verdad. Alguno querrá torcer la nariz y pensar que todo lo que se ha dicho es demasiado poco y que la fuente de la revelación no basta. Recordemos entonces que aquí nos encontramos en el campo de lo sobrenatural, en donde la ciencia humana no tiene papel, donde no tienen valor las demostraciones científicas: éstas tienen valor en el mundo natural y, pienso que mientras viva el hombre sobre la tierra, habrá siempre nuevos descubrimientos. Pero las verdades sobrenaturales, las que se refieren al mundo invisible, no estarán jamás sujetas a demostración científica o a profundizaciones científicas: la inmortalidad del alma, la existencia de los ángeles y demonios, la existencia del Paraiso Purgatorio — Infierno, la misma existencia de Dios. Aquí sólo la revelación nos da la certidumbre y la fe es un don del Espíritu Santo; no fruto de esfuerzos humanos.

Hay una diferencia radical entre la vida terrena y la vida eterna. Ya dijimos que las almas de los difuntos van inmediatamente al Paraíso, al Purgatorio o al Infierno. La revelación nos proporciona los datos esenciales, cuanto es necesario para nuestra salvación. La fe consiste en creer esos datos, pero también contentarnos con ello; no hay fe si no hay humildad, por ello la Biblia misma nos amonesta: "no quieras indagar las cosas superiores a ti" .

 Es ya grande la diferencia entre esta vida y la otra que, quien ha tenido experiencia, como S. Pablo, se limita a decir que la lengua humana no puede expresar 10 que él ha visto y oído .

Por ejemplo: se cuestionan los teólogos si estar en el Paraíso es un estado, un modo de ser o un lugar. Del mismo modo las dos dimensiones terrestres espacio y tiempo ciertamente en la otra vida tienen un significado totalmente distinto que en esta; eso sí que para los ángeles y hombres, como creaturas, existen límites, porque sólo Dios es infinito. Agrego además que la condición de los difuntos y de los mismos demonios es provisional, hasta el fin del mundo. El hombre está formado de alma y cuerpo; esta complejidad fue herida por el pecado («Si comen de este árbol, morirán ", había dicho Dios a Adán y a Eva). Cristo, con su resurrección nos ha merecido la resurrección de la carne; pero ésta sucederá, excepción hecha a María Ssma., sólo hasta el fin del mundo. Por esta razón la felicidad del mismo S. Francisco, por dar un ejemplo, es aún incompleta; será completa al fin del mundo, cuando junto con el alma, también su cuerpo sea glorificado. También para los demonios su situación actual es provisional, aunque su decisión sea irreversible, como su suerte. Pedro y Judas nos dicen que mientras tanto están encadenados en el Tártaro, en espera del juicio; es un hecho que, hasta el último día, tienen poder de usar su maléfica actividad de odio contra Dios y sobre el hombre.

Como se ve, hablando del más allá, tartamudeamos. Sabemos tan poco que el mismo Sto. Tomás nos invita a tener en cuenta las revelaciones privadas de los santos. Tenía yo que poner estos presupuestos, con tantos interrogantes que implican, para valorar al máximo los datos de la revelación y las reglas del comportamiento que nos aconseja la revelación, sin maravillarnos de lo que no conocemos. Es necesario que confiemos en Dios. Sólo basándonos en estas consideraciones po-

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demos hablar de la evocación de los difuntos; es esta la forma más difundida, aunque lo que decimos valga también para la evocación de los espíritus.

Ya hemos dicho que el espiritismo es una explosión. Si el siglo pasado era un enjambre de adultos y se usaba invitar a un médium para que evocara a los muertos, ahora predominan las tres formas que enumeramos antes y que han tenido amplia difusión. Mons. Casale, arzobispo de Foggia y presidente del Cesnur (Centro de estudios de las nuevas religiones), hizo una encuesta en su diócesis. El resultado fue que el 36% de la juventud de las escuelas superiores ha practicado por lo menos una vez el espiritismo; el 17% de los mismos jóvenes, estaban convencidos de haberse puesto realmente en contacto con los difuntos. Por los datos parciales que yo poseo de otras partes de Italia, creo que estos resultados se han de generalizar. Añadamos el hecho de que, con los nuevos sistemas (registrador, teléfono, computadora, televisor, escritura automatica. el espiritismo puede ejercitarse individualmente, sin necesidad de formar grupos.

Antes de seguir adelante permítaseme una divagación. Una influencia indirecta al espiritismo de otra fuente, que no tiene nada que ver con el mismo. Después de la publicación del libro R.A. Moody: La vida más allá de la vida (Ed. Mondadori), han salido otros libros semejantes que cuentan el testimonio de personas en coma, clínicamente muertas, que después se han repuesto. Son narraciones bastante parecidas entre sí y optimistas; hablan de haberse encontrado envueltas en un ambiente luminoso, rodeadas de un sentido de amor, por lo que a veces, han experimentado cierto disgusto, al darse cuenta que volvían a la vida terrena. Es claro que en esos casos las personas no habían realmente muerto (ino es fácil establecer con exactitud


el momento de la muerte!); son casos que se han de estudiar desde el punto de vista científico; pero, repito, aunque han acuciado el deseo de saber qué hay después de la muerte, no tienen absolutamente relación alguna con el espiritismo.

¿Qué debemos decir a las personas entregadas al espiritismo? ¿Qué decir a los padres que, abrumados por la muerte improvisa de un hijo, se han refugiado en el consuelo de los mensajes que el muerto les envía, a través del registrador o de la escritura automática? Aquí nos encontramos ante una decisión precisa: si se quiere permanecer en la verdad y no ir tras las fábulas, hemos de escoger lo que la fe nos indica. Si por el contrario optamos por el consuelo tramposo que engaña o se auto-engaña, los caminos torcidos abundan.

Puesto que pienso que el lector busca la verdad, me detengo un momento en tres afirmaciones fundamentales sobre las cuales trato de ser claro: l . "Quien interroga a los muertos es abominable ante Dios"; 2. Dios puede permitir que un difunto aparezca o se haga oír de algún modo. La bondad objetiva de un mensaje no garantiza que sea bueno su origen.

1.   "Quién interroga a los muertos es abominable ante Dios". Más bien que aducir muchas citas bíblicas, prefiero recalcar esta dura condena del Deuteronomio , con la esperanza de que quede impresa en la mente. Para entender plenamente el valor de estas palabras, es necesario creer en Dios; creer que Dios es un Padre infinitamente bueno, que quiere nuestro bien; creer que todas las prohibiciones que Dios dispone (como las prohibiciones del Decálogo) son para nuestro bien.

Dios ama a sus creaturas, vivas y difuntas. Si el diálogo con los difuntos fuera útil, Dios sería el primero en favorecerlo. Si lo prohibe tan duramente es porque sabe que es un mal, un medio de hacer a un lado a Dios, para alejar de la verdad, para dañar la fe. Para el que tiene el don de la revelación, le basta saber que Dios no quiere, para evitar lo que prohibe. Quien no conoce la revelación no desobedece a Dios, si ejercita el espiritismo; pero esto no lo preserva de las consecuencias nocivas.

2.   Dios puede permitir que un difunto se presente a un vivo, o que le hable, o que tenga de cualquier modo contacto directo con él. Casos de estos encontramos en la Biblia y en la vida de los santos. Se trata de casos extraordinarios, y por ello, muy raros. Pero sobre todo, hay una diferencia sustancial que me urge señalar. En todos estos casos el hecho sucede por libre iniciativa de Dios; nunca como fruto de habilidades o expedientes humanos. Este es el caso de las apariciones; Bernardita no hizo nada para provocar las apariciones de la Virgen Inmaculada en la gruta de Massabielle; los tres niños de Fátima nada hicieron para provocar la aparición de la Virgen de la Cova da Iría. Los hechos se desarrollaron por pura iniciativa divina, en las circunstancias y límites establecidos por Dios.

¿Qué medios puede usar Dios para conceder un contacto extraordinario con un difunto? Puede usar los medios que quiera, con absoluta libertad. Puede servirse de una aparición, como lo hizo con S. Juan Bosco; o de voces como le sucedió a Sta. Juana de Arco; o por sueños como lo leemos con frecuencia en la Biblia o en las vidas de santos. ¿Puede servirse de un médium? Sí. Dios puede todo. Es el único caso que narra la Biblia, cuando Saúl se sirve de un médium para evocar el alma del profeta Samuel , Es un hecho de todo extraordinario, permitido por Dios. Nos lo hace entender el grito que lanza la hechicera, que se encontró ante un caso completamente nuevo; viene después la reprensión de Samuel y su dura profecía: mañana tú y tus hijos estarán conmigo. Pienso que con esto haya motivo suficiente para perder las ganas de evocar a un muerto.

  La bondad objetiva del mensaje no justifica su origen, esto es: no es suficiente para decirnos si su proveniencia es buena o mala. Muchas veces he advertido que Moisés llevo a cabo con el poder divino ante el faraón los mismos prodigios que los magos de la corte hacen con fuerza demoníaca. Sobre todo quisiera recalcar qué bien sabe hablar el demonio cuando se enfrenta a Cristo en público: "Sabemos quién eres tú: el Hijo de Dios"  y otros reconocimientos semejantes. Es interesante lo que le sucedió a S. Pablo cuando predicaba en Filipos. Una endemoniada lo seguía por todas partes y gritaba: "Estos hombres son los siervos del Dios Altísimo, que les anuncian el camino de la salvación" . Digan ustedes si no son anuncios exactos y sacrosantos. Sin embargo venían del demonio, que por su parte tiene sus propios fines, por lo que Jesús y S. Pablo los hacen callar.


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