Es uno de
los principales frutos del ocultismo, de los más difundidos, y el que tiene
quizá mayor incidencia en los pueblos. Hablo de pueblos porque encontramos la
magia en todos los tiempos y aproximadamente en todas las poblaciones. Es
difícil hablar de ella porque es un argumento demasiado extenso, como para
llenar varias bibliotecas. Además, no quiero repetir lo que ya escribí sobre la
magia en mi primer libro «Un exorcista narra» (Ed. Dahonianas, Roma), aunque
sobre algún concepto fundamental no se puede no insistir.
¿Por qué
la magia prospera hoy a velas desplegadas? Por tres motivos que la alimentan y
que hemos de recordar; porque es una de las principales formas de superstición
y, como no me cansaré jamás de repetir, es matemático que cuando baja la fe
aumenta la superstición; porque la magia, por tres motivos que diremos, está
enraizada por donde quiera, independientemente del desarrollo cultural y
científico, del progreso económico de los individuos o de una nación. Los que
recurren a los magos no son las gentes ingenuas, desprovistas y analfabetas;
son toda clase de ciudadanos: profesionistas, grandes industriales, políticos,
campeones deportistas, enamorados, desilusionados, pobretones... No falta
nadie, ihasta sacerdotes!
¿Por qué
encontramos la magia en todas las épocas y en todas las culturas? ¿Qué cosa
impulsa a la gente hacia los magos? Por cierto, si hay fe, en las diversas
contingencias de la vida, uno se vuelve a Dios. Pero cuando no hay fe, o es tan
débil como para coexistir con las supersticiones, ¿qué es lo que impulsa a dar
crédito a ciertas personas, como si tuvieran un poder misterioso sobre la
naturaleza. sobre los sucesos, sobre las personas, a través de fórmulas, ritos,
amuletos?
Podemos
agrupar los motivos en tres palabras: miedo, curiosidad, poderes. Son
motivos permanentes, que no conocen ocaso.
1.
Miedo.
Existe el mal, existen las enfermedades físicas y psíquicas para las que la
medicina no encuentra remedio, la mala suerte, el infortunio. Puede uno pasar
del bien al mal en el campo de la salud, de los negocios, de los afectos.
Pueden suceder desgracias en cadena, dificultades insuperables. ¿Dónde
encontrar los remedios contra la mala suerte? A la mala suerte nunca la he
encontrado en la calle, pero a personas a quienes todo les sale mal, desde
siempre o en algún momento de la vida, las encuentro a montones. Cuando uno ve
que todo le va mal (en el trabajo, en la familia, en la salud); cuando uno ve
que todos los remedios a los que ha recurrido han sido inútiles, se siente
obligado a recurrir a los llamados medios alternativos; expresión elegante que
muchas veces cubre la estupidez. Y entre los medios alternativos está el
recurso a los magos, a quien sabe entender el mal o el mal de ojo (te tienen
embrujado, es el diagnóstico más frecuente), quien puede explicar por qué todo
anda torcido y promete el mágico remedio.
Dije que
recurren a los magos también personas con cultura, porque cuando el hombre es
abatido por las desgracias, se encuentra en un estado psicológico con el que ya
no razona; acepta todo con tal de poder salir de esa situación. A un ingeniero
especializado en electrónica que tuvo que pagar cuarenta y dos millones por un
amuleto de baratijas y tiene que llevarlo puesto encima, al verlo de frente, no
tuve más remedio que decirle: Dispénseme, ¿no se siente un idiota, por haber
creído esa patraña? Y a un locamente enamorado que pierde a su encanto y quiere
reconquistarla a toda costa, le dicen que para hacerla volver tiene que andar a
gatas y dar tres vueltas al derredor de una mesa, pasando la lengua por el
suelo y él no duda en hacer esa payasada.
2.
Curiosidad.
Hacer pasar de la curiosidad casi inocente («Quiero saber qué me dirá»), al
deseo de conocer por caminos mágicos lo que es oscuro, es uno de los recursos fuertes
del ocultismo. Lo más frecuente es preguntar al mago el futuro: ¿qué me
sucederá? , ¿encontraré trabajo? , ¿me voy a casar? ... Otras veces se pregunta
al presente, la causa de los males que se padecen (hay que encontrar al
culpable a toda costa), o esclarecer las dudas (si mi marido me es infiel y con
quién), o el comportamiento en un caso particular (dar un concurso, insistir
sobre una relación, tomar cierta medicina)... Con los medios de comunicación
que presentan espectáculos de magos maravillosos, aun el que nunca había
pensado consultar a alguno, se siente impulsado a hacerlo.
3.
Poderes.
Con este término abarco la ganancia material, el éxito, el protagonismo a
cualquier costo. Por lo tanto la victoria sobre los rivales: concurrentes en
comercio, en política, en la carrera, etc. Aquí entramos en el campo de querer
prevalecer a cualquier precio, aún dañando a los demás; es el terreno de la
llamada magia negra. Es el impulso tal vez de alcanzar por vía mágica,
resultados o poderes que no se alcanzan por vía natural, como son la
inteligencia, el estudio, la habilidad, el amor de una persona: entonces se
recurre a quien sabe qué fuerzas ocultas que garantizan el éxito.
Se puede
recurrir a los magos por uno de estos tres motivos: también meterse al estudio
de la magia y a sus prácticas para querer hacerse mago. En ambos casos hay
voluntad de recurrir a fuerzas ocultas, no bien identificadas, o al uso de
fórmulas o ritos, o filtros u otros. para adquirir conocimientos que no se
pueden obtener por otro camino (aunque al final resultan fanfarronadas); para
dominar las fuerzas de la naturaleza o de los sucesos. para influir sobre los
demás o defenderse de los demás.
Es
superstición e idolatría, porque es todo un buscar fuera de Dios y de sus
leyes, que no les satisfacen ni creen en El; por eso se buscan otros caminos,
otras leyes, otras divinidades para que vengan en su ayuda. Toda la historia
sagrada ilustra esta alternativa, que no se refiere sólo al pueblo hebreo, sino
que es emblemática de la humanidad de todos los tiempos. Los hebreos se
encontraban en medio de pueblos paganos que tenían esta mentalidad: cada pueblo
tenía sus dioses protectores, cada territorio sus propios dioses. Ahí estaba la
continua tentación del pueblo hebreo: si creer en el verdadero Dios que se
había revelado a Abraham, a Moisés, a los profetas, que los habían liberado de
la esclavitud de los egipcios, o por el contrario creer en los dioses de los
pueblos en medio de los cuales habitaban y en los dioses de los lugares en que
se encontraban. ¿Cuál merecía más confianza, cuál los protegía mejor, a quién
tenían mayor interés por seguir? Y así alternaban la fidelidad y la traición,
huídas y retornos, en un continuo bimbalete de decisiones y promesas
contradictorias.
Y así es
el cristiano de hoy; así será el cristiano de mañana. Salvado por Dios de la
esclavitud del demonio por medio del bautismo, depositario de los planes de
Dios sobre la vida y el destino humano que bien conoce, queda sin embargo
tentado continuamente a seguir las ideas del mundo, los cambios del mundo, con
el peligro de perecer. También el recurso a la magia es señal clara de no
dirigirse a Dios para resolver sus propios problemas, sino de escoger los
caminos que parecen más fáciles, más cómodos, aunque torcidos.
Y agrego
con particular insistencia, para comprender el boom de los magos de nuestro
tiempo; la influencia de los medios de comunicación, en particular la
televisión, espectáculos fuertemente atrayentes y gentes que son una verdadera
estafa para los espectadores. El Ministerio de Sanidad no se preocupa, a pesar
de que estos estafadores prometen, excluido el cáncer, curar todos los males,
«desde la trombosis hasta la artritis, desde la diabetes hasta la ciática
(estoy usando la terminología del prof. Silvio Garattini, director del
Instituto Mario Negri, valeroso y solitario denunciador de estos públicos
estafadores).» Tampoco se ocupan de esto los Magistrados, demasiado preocupados
por meses y meses en llevar una encuesta sobre una Madonna que lagrimea, sin
darse cuenta del riesgo que corren de cubrirse de ridículo; en cambio están
ausentes ante personas que clamorean llevar a cabo facturas de muerte, o sea,
de ser asesinos. Tampoco se preocupan de esto los sacerdotes, que en este
asunto son, por lo general, totalmente analfabetas. Cito sólo, de la nota
pastoral del Episcopado de Campania, publicada el 2 de abril de 1995, esta
afirmación: «el mal de ojo, la hechicería y el maleficio son actos debidos a
ingenuidad y debilidad de la fe». iNo!, son mucho más.
Sin
embargo la Biblia emprende literalmente una lucha a muerte con la magia.
Sabemos que también otros pueblos, contemporáneos a los hebreos, condenaban a
muerte a los magos. Quiere decir que había una intuición difundida de que la
magia contenía algo de maléfico, de diabólico, por lo que debía ser eliminada.
Naturalmente aquí hablo del tipo peor de magia, esa que la Biblia condena unas
treinta veces. Ya el Deuteronomio (18,10-12) afirmaba: «No se encuentre entre
ustedes el que ejerza la adivinación, el sortilegio, la magia... Todo el que
haga estas cosas es abominación ante Yahvé». El Levítico (17,26) asegura: «No
practicarás clase alguna de adivinación
o de magia» Y el Exodo (22,17): «No dejarás vivo al
que practique la magia». El Levítico (20,27) especifica: «Si un hombre o una
mujer en ntedio de ustedes ejercitare la necromancia o la adivinación, deberá
ser sometido a lapidación». iMétodos más bien enérgicos! El Catecismo de la
Iglesia Católica se expresa en el n. 2117; «Todas las prácticas de magia o de
hechicería mediante las que se pretende domesticarpotencias ocultas para
ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque
sea para procurar la salud- son gravemente contrarias a la virtud de la
religión. Estas prácticas son aún más condenables, cuando van acompañadas de
una intención de dañar a otros, recurran o no a la intervención de los
demonios». Queda reprobado el uso de amuletos (que los magos distribuyen con
abundancia de promesas y ... cobros), como lo afirma claramente el n.2116:
«Todas lasformas de adivinación deben rechazarse: el recurso a satán o a los
demonios, la evocación de los muertos y otras prácticas que equivocadamente se
supone que 'develan ' el porvenir. La consulta de los horóscopos, la
astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios, y de suertes, los
fenómenos de visión, el recurso a 'mediums' encierran una voluntad de poder
sobre el tiempo, la historia y, finalmente, de los hombres, a la vez que un
deseo de granjearse la proteccion de poderes ocultos. Están en contradicción
con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a
Dios».
No existe
una única forma de magia. Hasta ahora hemos hablado de la magia propiamente
dicha, que se distingue en alta y baja magia, en magia blanca y negra, que es
verdaderamente peligrosa porque recurre a la intervención del demonio y puede
causar daños maléficos y aun la verdadera posesión diabólica. Es la magia que
condena la Biblia.
Pero
tambien existe una magia rústica o terapéutica: el mago de la campiña, o la
viejecita que conoce ciertas yerbas, reza oraciones, pero no exige paga. En
estos casos no hay ningún peligro y no se ha de dar crédito a sus palabras; por
ejemplo, si esas personas son llamadas el mago o la maga del pueblo.
Pero sí
existe la magia-embrollo, la que se anuncia en las páginas de los periódicos y
a través de la televisión. Es actualmente la más difundida, por lo que merece
una exposición particular.
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