San Juan Bosco, tanto por los tremendos asaltos del demonio que tuvo que sufrir, como por su eficacia en liberar a las personas aún con su sola presencia. Cito un caso, acaecido hacia el fin de su vida, el 4 de junio de 1885. El superior de una comunidad religiosa de Caen le mandó a D. Bosco una señorita atacada por una posesión diabólica. En ese tiempo no había ni siquiera la seguridad de que Don Bosco bajara a la misa a causa de su estado de salud. Esa mañana bajó a celebrar. Desde el introito, al principio de la misa, esa persona se sintió enteramente liberada. Viniendo ahora a mis experiencias personales, no puedo menos de alargarme un poco con el Padre Pío.
El Padre Pío
me ayuda continuamente en el duro ministerio de exorcista, fiel a una antigua
promesa de hace más de cuarenta años. Quien conoce la vida del padre sabe
cuánto ha tenido que luchar continuamente contra el demonio; y sabe cuántos
sufrimientos y venganzas diabólicas ha soportado con motivo de su ministerio de
arrancarle las almas para darlas al Señor. Ha sido una lucha incesante, sobre
la cual se pueden fijar algunas etapas fundamentales.
El P. Pío, confiaba, en un escrito precioso mandado a su director espiritual, P. Agustín de S. Marcos in Lamis, que "las apariciones diabólicas empezaron hacia los cinco años, y por unos veinte años fueron siempre en formas obscenísimas, humanas, pero sobre todo bestiales. La primera grande lucha se narra en una visión que se ha de situar exactamente cuando el Padre Pío tenía cinco años. La fecha es incierta, pero la época es la dicha.
El entonces se sintió invitado a luchar contra un hombre horrendo y "de estatura desmedida, que tocaba las nubes con su frente" El personaje que estaba a su lado (quizá San Miguel) lo exhortó a luchar con aquel gigante monstruoso, asegurándole su asistencia. El impacto fue terrible, pero el pequeño Francisco (así se llamaba el Padre Pío) obtuvo lo mejor, gracias a la ayuda de ese personaje misterioso que lo había alentado; personaje misterioso y luminoso. «El horrendo gigante fue obligado a huir, arrastrando tras de sí una gran muchedumbre de hombres de aspecto horrendo, entre aullidos, imprecaciones y gritos ensordecedores». Este fue solo el principio, una visión profética de cómo llegaría a ser su vida. Las frases entre comillas son todas del Padre Pío.
Este
episodio, que el Padre Pío siempre ha considerado sumamente significativo,
terminó con las palabras del personaje luminoso: "Aquel contra quien
combatiste, siempre volverá a acosarte. Lucha con vigor; yo te ayudaré siempre
para que logres derrotarlo![]()
Aunque los tormentos diabólicos nunca cesaron, igualmente en formas visibles y extraordinarias, nos parece que hemos de fijar una nueva etapa significativa cuando el padre fue enviado a Venafro, en octubre de 1911.
Era entonces un
joven sacerdote, pues se ordenó el IO detagosto de 1910; tendría que
haberse preparado, juntamente con otros colegas, al ministerio de la
predicación, pero se enfermaba con tanta frecuencia que a veces ni siquiera
podía celebrar la misa. El maligno se le aparecía "bajo el aspecto de un
gato negro y feo, o de jovencitas desnudas que bailaban lascivamente, o de un
verdugo que lo azotaba![]()
Otras veces se le aparecía bajo el aspecto de su superior, o de S. Pío X, u otras figuras de santos; también bajo la forma del
ángel de la guarda, o de María Santísima, o de San Francisco. El que
tiene práctica de estos trucos diabólicos, sabe cuánto peligro hay para el alma
cuando el demonio trata de revestirse de santidad. El Padre Pío ofrecía todo por
la salvación de las almas; así entendió en Venafro, a través de tanta lucha y sufrimiento,
cuál era la misión sacerdotal que Dios le reservaba.
Podemos
fijar una tercera etapa en Giobanni Rotondo. Es aquí, en los cincuenta años
de derramamiento de sangre a causa de las "llagas", donde el P. Pío
libró a tantos de Satanás. Aquí nació y creció en gran medida la hilera de sus
hijos espirituales, que luego fueron influyendo en los grupos de oración. Aquí
nació la "Casa consuelo del Sufrimiento". además, de las continuas
luchas combatidas en lo escondido, varias veces le fueron llevados endemoniados
por los cuales rogó, soportando él golpes y azotes. Se ha difundido mucho y se
ha publicado muchas veces la fotografía con el rostro del Padre Pío hinchado por
los moretes; ese día había recibido a una persona endemoniada y en la noche el
demonio le golpeó varias veces la cabeza contra el suelo. Ayudado por sus
colegas que acudieron por el ruido, necesitó ser curado de toda la cara, en el
arco de las cejas fueron necesarias cinco puntadas de sutura.
Cuando fui
a visitar al P. Pío por primera vez, en 1942, no pensaba que iría a verlo antes
de veintiséis años. Yo estudiaba en el Liceo, me gradué en jurisprudencia y
luego entré a la Pía Sociedad de San Pablo. Una vez ordenado, no me bastaba ser
sólo hijo espiritual del Padre Pío. Comenzaba a tener yo también mis hijos
espirituales; hubiera querido conducirlos a todos ellos hacia el Padre Pío y
mientras tanto se los recomendaba.
Fue así
como obtuve una promesa. Un buen día le dije: "Querido Padre, tengo que
pedirle un gran favor" El me animó a hablar, inclinándose hacia mí y
mostrándome una amplia sonrisa Yo le solté todo: "Quisiera que todos mis
hijos espirituales, presentes o futuros, sean automáticamente igualmente sus
hijos espirituales; si Usted los toma por su cuenta, quedo tranquilo ".
Sonrió un poco más y cerró los ojos reflexionando brevemente y luego me dijo:
"Sí, hijo mío, está bien ".
Yo le
dije: "Entonces todos ellos ya no lo llamarán Padre Pío, sino Abuelo
Pío". Ante esta salida sonrió con agrado; era algo divertido. Mientras
tanto el Padre Pío quedará siempre para todos el Padre Pío.
Han pasado
muchos años. Recuerdo la última vez que lo vi, en verano de 1968 (murió el 23
de septiembre de ese año) Era penoso asistir a su misa celebrada en silla de
ruedas con tanto esfuerzo. No era tanto el esfuerzo místico de quien revivía la
pasión (del Señor), sino la fatiga física de quien ya no tiene fuerza. Los
hijos espirituales, esparcidos por todo el mundo habían crecido a semejanza de
una mancha de aceite y han seguido creciendo aun después de su muerte. Quien va
hoy a San Giobanni Rotondo queda asombrado al ver una afluencia de peregrinos
más numerosa de cuando el Padre estaba vivo.
Por mi
parte he seguido contando con su ayuda y sintiéndolo cerca de mí, en las
diversas actividades que voy cubriendo. Cuando hago de exorcista, no tengo la
mínima duda de que todos los que acuden a mis oraciones son tomados bajo la
protección del P. Pío, sin darse cuenta.
En algunos
casos la presencia del Padre ha sido sensible. En alguna ocasión mis pacientes
lo han soñado, lo han visto cerca, sosteniendo sus sufrimientos. En varias
ocasiones, durante el exorcismo, se ha puesto el demonio a gritar asustado:
"iQue se largue ese fraile! A ese fraile no lo quiero" Y luego,
presionado por mis preguntas, tenía que decir que ahí estaba presente el Padre
Pío.
Debo ahora
añadir que desde que el Señor llamó al premio a mi maestro el P. Cándido, el 22
de septiembre de 1992 (día de Cándido y víspera del aniversario de la muerte
del Beato Padre Pío), también me sirve de ayuda y también su presencia ha sido
señalada por los demonios. El P. Cándido consideraba al P. Pío como un gran
santo; el P. Pío definió al P. Cándido: "Un sacerdote según el corazón de
Dios".

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