¡Me dejaste en el Purgatorio por más de un año antes de celebrar la Misa que nos habíamos prometido el uno al otro!



 

Un hombre que había sido encarcelado por años le hizo una petición a una mujer rica y poderosa.  Tenía la riqueza y la influencia necesarias para librar al hombre y poner fin a su sufrimiento.  Esto es lo que le escribió a esta mujer: "Señora, el 25 de octubre de este año, 1760, habré estado padeciendo en esta prisión por 100.000 horas; y todavía voy a tener que soportar otras 200.000 horas.   ¡Le ruego, señora, que tenga piedad de uno, cuyo sufrimiento es tan largo y doloroso!"

  
¿Se conmovió el corazón de esa mujer por tanta elocuencia?   No lo sé.  Pero me parece que un poco más podría añadirse en tan pocas palabras, "he estado sufriendo por 100.000 horas, y ¡todavía tengo que enfrentar otras 200.000 horas!"  ¡El había contado las horas!

En un monasterio francés, dos sacerdotes que tenía un gran celo por el sufrimiento de las pobres almas del Purgatorio hicieron una promesa solemne el uno al otro: ellos celebrarían su Misa  la mañana para el primero que muriera.


Uno de los sacerdotes murió.  A la mañana siguiente, su colega celebró su Misa de la mañana para él.  Durante sus oraciones de acción de gracias al final de la Misa, vio a su amigo aparecer ante él, brillando de gloria...  El alma gloriosa entonces tomó un aspecto más sombrío y dijo a su amigo, "Mi hermano, ¿dónde está tu fe?   ¡Tú no mereces la misericordia de Dios por tu alma!  ¡Me dejaste en el Purgatorio por más de un año antes de celebrar la Misa que nos habíamos prometido el uno al otro!"


El sacerdote respondió en estado de shock, "¿Qué estás diciendo?  ¡Tu cuerpo no ha sido enterrado todavía!   Tú dejaste este mundo hace sólo unas horas, y acabo de terminar de celebrar la Misa que había prometido... "

El alma del monje fallecido entonces suspiró: "¡Oh cuán terrible es el sufrimiento en el Purgatorio!  Ahora estoy volando al Cielo, donde voy a implorar a Dios para que te conceda lo que hiciste por mí, porque esa Misa era necesaria para mi liberación del Purgatorio."

 
Así es como las almas del Purgatorio calculan la duración de su sufrimiento.  No es por horas o por días que son contadas, sino por años y siglos; y esos años parecen ser una eternidad para ellas.  Mi Señor, perdóname y ten misericordia de mí.  ¡Por los méritos de tu Santa Pasión, libra a las almas del Purgatorio!

OREMOS - ¡Me postro a tus pies, oh mi Dios, preso de miedo ante la idea de los terribles tormentos, tan largos e intensos, que son soportados por las almas del Purgatorio!  Lleno de compasión por aquellas desafortunadas prisioneras, te ruego, en el nombre de Jesucristo, que las mires con misericordia y que pongas fin a su martirio. ¡Oh María, dulce consuelo de los afligidos, sé su conciliadora!  ¡Libera a tus hijos del cautiverio!  ¡Que descansen en paz a tu lado en el Cielo!

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