Qué Te ofreceré, o que Te daré, oh Rey Inmortal
lleno de grandes dones, clemente y amante de la humanidad, siendo perezoso en
complacerte no he hecho nada bueno por Ti. Me dejaste llegar hasta el fin de
este día preocupándote de mi conversión y de la salvación de mi alma. Sé
benevolente conmigo, soy un pecador exento de toda obra buena, levanta mi alma
caída y manchada de inconmensurables pecados, quítame todo pensamiento malvado
en esta vida. Perdona mis pecados, oh Único exento de pecado, en lo que he
pecado en este día con todos mis sentidos, con tu divino Poder ampárame de todo
acoso del adversario; y con tu fuerza e inefable amor a la humanidad limpia, oh
Dios la multitud de mis pecados. Ten la bondad de liberarme de las redes del
maligno, y salva mi alma apasionada e ilumíname con la luz de tu Rostro, cuando
vengas en gloria. Déjame dormir sin condenación, sin ensueño, y has que la
mente de tu siervo no tenga perturbaciones y aleja de mí toda acción satánica,
alumbra los ojos de mi corazón, para no dormirme en la muerte. Envíame un ángel
de paz, guardián y gula de mi alma y cuerpo para que él pueda salvarme de mis
adversarios, elévame de mi lecho, te ofrezco plegarias de agradecimientos, sí,
oh Señor, óyeme a mí pecador con la conciencia afligida. Levántame para aprender
tus Palabras, aleja de mí toda aflicción satánica por tus santos ángeles, para
que pueda bendecir tu Santo Nombre y glorificar a tu Purísima Deípara María, el
amparo de los pecadores. Acepta que Ella interceda por nosotros, pues Ella
emula tu amor a la humanidad. Por tu intercesión y por la señal de la honorable
Cruz, conserva mi alma menesterosa, Jesucristo nuestro Dios, porque eres Santo
y glorificado en los siglos de los siglos. Amén.

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