Oh Señor, Dios nuestro, en Quien creemos y cuyo
Nombre invocamos por encima de todo nombre, concédenos preparándonos para el
descanso del alma y el cuerpo, y guárdanos de todas las tentaciones y ocultos
placeres. Detén la rebelión de las pasiones y apaga el ardiente cuerpo.
Concédenos vivir castamente de palabra, para que adquiriendo una vida virtuosa
y heroica, no desertar de tus prometidas bendiciones. Ya que Tú eres Bendito
para siempre. Amén.
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