¡Bendito Cristo de los Afligidos!

 



Confiadamente dirigimos a Ti nuestra mirada y nuestra voz. 

Tú nos has dicho: “Tened valor: Yo he vencido al mundo”.  En esta hora de dificultad, nosotros creemos y sabemos  que Tú eres el Santo de Dios y que, fuera de Ti, no hay salvación.  Santísimo Cristo, que calmaste la tempestad,  curaste al leproso y devolviste la vista al ciego;  que perdonaste a la adúltera y devolviste la vida a Lázaro,  atiende a nuestra humilde súplica confiada:  conforta a los enfermos y a los que sufren,  fortalece a quienes los atienden y cuidan,  y da el eterno descanso a los que han muerto. A nosotros, haznos fuertes y firmes en la fe,  y generosos con quienes necesitan nuestra ayuda. 

[Por eso, libremente, y para mayor gloria de Dios, hacemos VOTO  de que, tras hacer examen de nuestra vida  y recibir el perdón de nuestros pecados, 

proclamaremos en pública celebración de acción de gracias,  cuando llegue el tiempo oportuno,  que sólo Tú eres nuestra salvación y nuestra esperanza. Este gran don tuyo lo recordaremos, 

de ahora en adelante y siempre que haya ocasión,  rezando ante tu imagen la oración del “Padre nuestro” que Tú nos enseñaste  y el “Ave María”, porque Ella también está,  ahora y siempre, rogándote por nosotros.] Amén.

 

 

 

 

 

 

 

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