Conocido
como filosofía del Nuevo Pensamiento, Iglesias del Nuevo Pensamiento o del
Cristo científico, han sido fundadas por Phineas Quinby a inicios del siglo
XIX.
Este
movimiento enseña que Dios es inteligencia infinita, por lo tanto, está en
todas partes, el pensamiento divino es una fuerza para hacer el bien, todas las
enfermedades son creadas por la mente, y si tenemos un pensamiento correcto
podremos curarlas. Creen también que la divinidad habita en cada persona, esto
es lo mismo que decir que son “panteístas”, que debemos amarnos y sanarnos unos
a otros, y finalmente que nuestro estado mental acaba influyendo y
manifestándose en nuestra vida. La fundadora de la ciencia cristiana, Mary
Baker Eddy fue paciente de Quinby, por ello esta otra secta tiene enseñanzas
similares a las del Nuevo Pensamiento, y a veces se la llama “Iglesia del Nuevo
Pensamiento”.
Básicamente su enseñanza fundamental
es que Dios es energía infinita sin forma, y nosotros le damos forma con
nuestra manera de pensar, de forma que nos convertimos en creadores absolutos
del mundo, de forma que cambiar el modo de pensar cambia el universo.
Será en 1877
la primera vez que se usa la expresión “ley de atracción” en un libro.
Pero quienes dieron más difusión a esta ley fueron: James Allen
(1864-1912); Wallace Delois Wattles y en tiempos más recientes
Rhonda Byrne con su obra “el Secreto” (2006).
La
Ley de atracción consiste básicamente en esto “si tienes pensamientos positivos
te ocurrirán cosas positivas”. Ósea atraemos las cosas buenas a través de
nuestra mente y nuestros pensamiento. Esto es incompatible con nuestra fe,
nosotros no podemos atraer de manera mágica el bien, no somos dueños de las
cosas buenas o malas que pasen. Es absurdo pensar en que si yo tengo un
pensamiento positivo voy a evitar enfermedades, terremotos, desastres naturales
o fallecimiento de familiares, pensar así sería ponernos en el lugar de Dios considerándonos
dueños de nuestra vida y de la de los demás, creyéndonos en definitiva otros
dioses.
El documento Jesucristo portador de
agua de vida en su punto 6 dice:
Crea tu propia realidad. La convicción
generalizada en la Nueva Era de que cada uno crea su propia realidad es
atractiva pero ilusoria. Cristaliza en la teoría de Jung, según la cual el ser
humano es una vía de acceso desde el mundo exterior a un mundo interior de
infinitas dimensiones, donde cada persona es un Abraxas que da a luz su propio
mundo o lo devora. La estrella que brilla en este mundo interior infinito es el
dios y meta del hombre. La consecuencia más dolorosa y problemática de la
aceptación de la idea de que las personas crean su propia realidad es la
cuestión del sufrimiento y de la muerte: las personas con graves deficiencias o
enfermedades incurables se sienten engañadas y degradadas cuando se les sugiere
que son ellas quienes han hecho caer la desgracia sobre sí mismas, o que su
incapacidad para cambiar las cosas indica una debilidad en su manera de
afrontar la vida. Todo esto dista mucho de ser un tema puramente académico:
tiene profundas implicaciones en el enfoque pastoral de la Iglesia ante las
difíciles cuestiones existenciales que todo el mundo se plantea. Nuestras
limitaciones son parte de la vida, inherentes a la condición de criatura. La
muerte y el sufrimiento constituyen un desafío y una oportunidad, pues la
tentación de refugiarse en una reelaboración occidentalizada de la
reencarnación es una prueba clara del temor ante la muerte y del deseo de vivir
para siempre.
La
Iglesia entonces nos enseña como creer que nosotros con nuestra mente creamos
nuestra realidad es algo ilusorio y carente de sentido, debido sobre todo a
nuestras limitaciones, no podemos manipular el mundo con el poder de la mente,
el hombre es un ser creado, por tanto, limitado, estas limitaciones se ven
sobre todo en la muerte, la cual si no se entiende cristianamente lleva a caer
en la reencarnación por el ansia de vivir para siempre.
Recordemos lo que dice la Biblia de
los pensamientos:
Isaias 55: 8-9 Porque mis
pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,
dijo Yavhé. como son más altos los cielos que la
tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos
más que vuestros pensamientos.
Esto
es, muchas veces los pensamientos del hombre no ocurren porque no es voluntad
de Dios que ocurran, y tú no puedes saber qué es lo que más te conviene, solo
Dios lo sabe, por ello sus pensamientos son superiores a los nuestros y debemos
abandonarnos a la providencia divina.
Y esta es la confianza que tenemos delante de
Él, que, si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. 1Juan 5,14
En
este texto claramente el apóstol San Juan nos dice porque suceden las cosas:
porque son conforme a la voluntad del Señor. Nosotros cuando le pedimos algo
conforme a su voluntad él nos lo otorga, pero si es algo no es conforme a su
voluntad no sucederá. Aquí está el error de la ley de Atracción y de la
filosofía del Nuevo Pensamiento: quien concede todo es el Señor cuando es
conforme a su voluntad y no conforme a nuestro pensamiento.
Existe
otro problema de fondo con esta ley de atracción y es que como solamente se
basa en “los buenos pensamientos traen buenas cosas” lleva a despreciar a
aquellos que “son pobres y oprimidos” pues tu acabas solo pensando en ti mismo
y en tu bienestar, acabas cayendo en egoísmo y esto es muy grave, porque nos
olvidamos del prójimo y de ayudarle:
porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed, y me disteis de beber; fui
forastero, y me recogisteis Mateo 25,35
Quizás
no sea bonito, ni buen pensamiento dar de comer a un mendigo, ni ayudar a un
pobre, estos pensamientos seguramente no se pasan por la mente para aquellos
quieren les suceda buenas cosas, sin embargo, es doctrina cristiana mostrar
caridad con todos, y así lo enseño Jesús.

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