Dentro
de la Nueva Era, podemos encontrar muchas personas que creen o practican la adivinación,
brujería o las supersticiones. También consultan el horóscopo u otros tipos de
prácticas esotéricas. Vamos a explicar porque este tipo de prácticas no son
permitidas para un católico.
En primer lugar, debemos recordar la
enseñanza oficial del Catecismo de la Iglesia:
La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las
prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero
Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a
ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia
a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales,
prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la
superstición (Mateo23,
16-22).
Todas las formas de adivinación deben
rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y
otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir .
La
consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de
presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums”
encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los
hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos.
Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso,
que debemos solamente a Dios.
Todas las prácticas de “magia” o de “hechicería” mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El “espiritismo” implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.
La
Iglesia Católica ha incluido estas prácticas dentro de los pecados contra el
primer mandamiento de la ley de Dios: “amaras
al Señor con todo tu corazón y solo a él darás culto” (Mateo4,10). Eso
significa que usar estas técnicas es pecar contra Dios, y un pecado grave. La
Iglesia condena esto porque la misma Biblia también las ha condenado, son parte
de la revelación de Dios y tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamente esta
no ha cambiado:
Y la persona que atendiere a encantadores o
adivinos, para prostituirse tras de ellos, pondré mi rostro contra la persona,
y el corte de su pueblo. Levítico 20,6
No os desviéis de Dios en busca de magos, ni
consultéis a adivinos, porque seréis por ellos corrompidos. Yo, el Señor Dios
vuestro Levitico 19,31.
Jeremías 10,2 – “Esto
dice el Señor: No imitéis las costumbres de las naciones; ni temáis las señales
del cielo, que temen los gentiles.”
Asimismo, muchos de los que habían practicado
la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta
de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Hechos 19,19
En
el libro del Levítico se observa como Dios condena a los encantadores o
adivinos, y a todos los que van tras ellos, también a los magos. Por su parte
el profeta Jeremías habla de los que temen las señales del cielo, o sea de
aquellos que practican la “astrología” para adivinar el futuro, el profeta
transmite a su pueblo que ese tipo de prácticas no deben imitarlas. Finalmente,
en el libro de Hechos de los apóstoles encontramos ejemplos de personas que se
habían convertido, y quemaban sus libros antiguos, es importante notar que el
texto original griego dice “artes mágicas” con esta expresión se quiere
englobar a todo tipo de rituales de adivinación, brujería, astrología e incluso
de supersticiones.
Recordemos
que es “superstición”: consiste en atribuir a ciertas cosas una propiedad que
no tienen en realidad, ni por su naturaleza ni por el querer divino, y por lo
tanto se les da un culto que solo corresponde a Dios. Es por este motivo por el
cual se atenta contra el primer mandamiento, ya que este “objeto” pasa a ocupar
el puesto de “Dios” convirtiéndose en un “ídolo”. Un ejemplo es pensar en que
si ves un gato negro vas a tener mala suerte. En si esto es absurdo ya que tu
suerte, es decir tu destino, no depende del gato, ni del color del gato, este
ser no tiene poder para hacerte ir mal o bien el día, darle ese poder al gato
sería convertirlo en un “ídolo”. Tampoco es correcto engañar a otros
haciéndoles creer estas falsas supersticiones populares. Como cristianos
sabemos que todo está en manos de Dios, él sabe que necesitamos, no debemos
inquietarnos por nuestra vida, así lo enseño el Salvador (Lucas 12,22-31).
Por
su parte la adivinación, es una técnica que busca conocer los designios de Dios
mediante medios ilícitos, no se apela a Dios. Generalmente los hombres que
buscan adivinos, y creen en ellos son hombres que quieren tener todo bajo
control y que ponen su confianza en los hombres y no en Dios. Los medios más
usados en la adivinación son: evocación de muertos (nigromancia), uso de tarot,
astrología, horóscopos, quiromancia, ouija, brujería, médiums etc. Todos estos
medios de adivinación se conocen como “espiritismo”.
Debemos
saber que siempre a lo largo de la historia del hombre han existido “adivinos”,
así por ejemplo los podemos encontrar en Egipto con los magos que tenían los
faraones, en Grecia con los sacerdotes del Dios Apolo etc. En la propia Biblia
se muestra como estos “magos y adivinos” son unos estafadores, al no poder
interpretar los sueños que si pudo hacer el profeta Daniel (Daniel 5,7; 4,7)
incluso se refleja en la Escritura como la adivinación es un “espíritu rebelde”
(1Samuel 15,23).
El
problema de la adivinación es que implica caer en idolatría, ya que se le da a
los espíritus poder que ellos no tienen y estos pasan a ocupar el lugar que
debe ocupar Dios, la propia Escritura la considera ilícita:
"Y cuando os dijeren: «Consultad a los nigromantes y a los adivinos
que bisbisean y murmujean; ¿es que no consulta un pueblo a sus dioses, por los
vivos a los muertos?»: 20en pro de la
enseñanza y el testimonio ¡Vaya si dirán cosa tal! Lo que no tiene provecho."
Isaías 8,19-20
Cualquiera de ustedes, hombre o mujer, que sea
nigromante o espiritista será condenado a muerte. Morirá apedreado, y será
responsable de su propia muerte. Levítico 20,27
Pero
no solo la Biblia habla de la adivinación, también condena la Brujería y
hechicería (Isaías 44,25; Miqueas, el pueblo de Israel tenía prohibido
consultarlos, dicha prohibición nunca fue abolida en la Ley de Cristo (Ex
22,18; Deut 18,9-14). Si vamos al NT vemos como San Pablo se encuentra con una
mujer que tenía un “espíritu adivino” y estaba dando muchas ganancias a sus
jefes, San Pablo en vez de apoyarla, hizo que el espíritu maligno saliera de
ella (Hechos 16,16-18). Con esta evidencia del Nuevo Testamento queda claro que
se condena todo tipo de magia y adivinación.
También
los padres de la Iglesia advierten sobre los peligros de estas prácticas,
tenemos por ejemplo en la Didaje, escrito del año 70 d.C una advertencia muy
clara:
Hijo mío, no consultes a los agoreros, puesto
que conducen a la idolatría (Didajé
70)[143]
Lactancio, dijo claramente que: Estos (los
demonios) fueron los inventores de la ”astrología”, la “adivinación”, los oráculos, y la nigromancia, y el arte de la magia, y cualquier
otra”práctica perversa”, (Instituciones Divinas Libro 2, Cap 17).
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