Muchos
cristianos creen es lo mismo la meditación cristiana que la oriental, que ambas
nos valen para llegar a Dios y no existe ningún peligro en practicar esta
última, ignorando la rica tradición que tiene la Iglesia en corrientes
espirituales de meditación mucho más auténticas y profundas que las técnicas
orientales. De todas formas, pese a que se ignora esto, también se ignoran
otros peligros que ahora vamos a desvelar:
• La meditación oriental no tiene raíces
cristianas:
La
principal técnicas de meditación de la New Age, Mindfulness, yoga, meditación
transcendental, Zen todas han sido desarrolladas en contextos hinduistas y
budistas, alejados del cristianismo. Esto es importante destacarlo porque estas
técnicas desarrolladas en esos contextos religiosos ajenos al cristianismo
incluyen nociones y elementos de esas religiosas que difícilmente se pueden
separar de las técnicas físicas de relajación, y por tanto son dañinos y
perjudiciales para el cristiano. La propia Escritura nos advierte de todo esto:
Guárdate
que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de
ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían
aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. 31No harás así a Yavhe tu Dios; porque toda cosa abominable que Yavhe
aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aún a sus hijos y a sus hijas
quemaban en el fuego a sus dioses Deut
12,30-31.
En
este texto del AT se nos prohíbe imitar a otras naciones que tienen otras
religiones, pues corremos el riesgo de caer en la idolatría la cual es un
pecado contra el primer mandamiento. En este caso, estas técnicas de meditación
hacen creer al hombre un “dios”, que no necesita de la gracia, por tanto, nos
arrastran a la idolatría. El último documento de la Conferencia Episcopal
Española señala esto:
El
método, como itinerario completo de meditación, es inseparable de la meta a la
que se quiere llegar y de los supuestos antropológicos, religiosos y teológicos
en los que nace y se sustenta. En cambio, las técnicas concretas para alcanzar
ciertos estados de ánimo previos a la oración podrían aislarse del conjunto del
método y de sus fundamentos. No es posible una oración propiamente cristiana
que asuma globalmente un método que no esté originado o se aparte del contenido
de la fe (Mi alma tiene sed de Dios, 14)
Aquí
se nos dice que el método de meditación es inseparable de la meta y de lo
religioso y teológico en los que nace y se sustenta, pues bien todos estos
métodos buscan como meta la iluminación, además de nacer como ya dijimos en
ambientes hinduistas y budistas, por lo tanto ajenos a la fe cristiana, y
peligroso para ella. Si es cierto el documento reconoce las técnicas se pueden
aislar del método, pero para realizar esto hay que tener mucho cuidado, y una
buena formación y preparación espiritual, por lo que la mayoría de las veces no
es aconsejable intentarlo hacer, es preferible acudir a las corrientes de
meditación cristiana que existen en la Iglesia.
• La meditación oriental consiste en vaciar la
mente:
Casi
todos los métodos de meditación oriental llevan al vaciado de la mente,
eliminar los pensamientos, para conseguir sensación de reposo, paz y
tranquilidad. Curiosamente no vamos a encontrar en las Escrituras un llamado de
Dios a vaciar nuestras mentes, al contrario, se nos insta a meditar la ley, la
palabra de Dios:
Sino
que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche Salmos 1,2
Medita
día y noche el libro de esta ley teniéndolo siempre en tus labios; si obras en
todo conforme a lo que se prescribe en él, prosperarás y tendrás éxito en todo
cuanto emprendas Josue 1,8
En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos.

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