Confiadamente dirigimos a Ti nuestra mirada y nuestra voz.
Tú nos has dicho: “Tened valor: Yo he vencido al mundo”. En esta hora de dificultad, nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios y que, fuera de Ti, no hay salvación.
Santísimo Cristo, que calmaste la
tempestad, curaste al leproso y
devolviste la vista al ciego; que
perdonaste a la adúltera y devolviste la vida a Lázaro, atiende a nuestra humilde súplica
confiada: conforta a los enfermos y a los
que sufren, fortalece a quienes los
atienden y cuidan, y da el eterno
descanso a los que han muerto. A nosotros, haznos fuertes y firmes en la fe, y
generosos con quienes necesitan nuestra ayuda.
[Por eso,
libremente, y para mayor gloria de Dios, hago voto de que, tras hacer examen de
nuestra vida y recibir el perdón de
nuestros pecados,
proclamaremos en pública celebración de acción de gracias, cuando llegue
el tiempo oportuno, que sólo Tú eres nuestra salvación y nuestra esperanza.
Este gran don tuyo lo recordaremos,
de ahora en adelante y siempre que haya ocasión, rezando ante tu imagen
la oración del “Padre nuestro” que Tú nos enseñaste y el “Ave María”, porque
Ella también está, ahora y siempre, rogándote por nosotros.]Amén.
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