Te damos gracias, Dios Todopoderoso,
que creaste al hombre para la alegría y la vida inmortal, y con la obra
redentora de tu Hijo lo liberaste de la esclavitud del pecado, raíz de todo
mal.
Tú nos das la certeza de que un día será secada cada lágrima y será recompensado cualquier esfuerzo realizado por tu amor.
Bendice a tus hijos probados por el sufrimiento, que te invocan mediante la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, salud de los enfermos y consuelo de los afligidos, y de todos los santos, y confirmados por la gracia de tu Espíritu glorifiquen tu santo nombre en palabras y hechos. Por Cristo Nuestro. Señor.
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