¡Que terror tendrá el moribundo al oír estas palabras, haciendo en su mente esta reflexión: Esta mañana estoy vivo; y esta tarde estaré muerto! Hoy estoy en esta casa ; y mañana estaré en la sepultura. ¿Pero mi alma en donde estará? Crecerá su espanto cuando vea preparar la candela, y oiga que el confesor dice a sus parientes, que salgan de aquel cuarto y no entren más; se aumentará más cuando el confesor le ponga el Crucifijo en las manos y le diga: Abrazaos con Jesucristo y no penséis ya en el mundo. El enfermo toma el Crucifijo y le besa; y entre tanto tiembla de pensaren las muchas injurias que le ha hecho, de las cuales quisiera ahora tener un verdadero arrepentimiento: pero ve que el que tiene, no es sincero, sino forzado por el miedo de la muerte que ve presente. Y san Agustín dice, que aquel que es abandonado por el pecado antes que él le haya dejado, no le detesta libremente, sino movido de la necesidad: Qui prius a peccato relinquitur, quam ipse relinquat, non libere, sed quasi ex neccessitate (illud) condemnat.
San Alfonso María de Ligorio
"Sermones abreviados para todas las dominicas del año"

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