pasiones brutales que nos asemejan a las bestias..., pecados de todas clases aun los más bajos y degradantes... pérdida de la santidad, de la inmortalidad y de la vista de Dios... y más que nada, el infierno como término de esta vida tan triste, pues el cielo se cerró con aquel pecado y ya nadie podía entrar en él. Medita bien esto, y deduce de aquí lo que será el pecado cuando Dios justo así lo castiga.
3.° Universalidad de este pecado. — Lo peor de este pecado es que fue universal para todo el género humano. — Adán en el Paraíso no era una persona particular, era la fuente de la vida que se había de propagar a todos los hombres..., representaba a la humanidad..., allí en él, estábamos todos incluidos. — Todo lo que Dios le dio, no fue sólo para él, sino también para los demás..., todos habíamos de ser iguales a él. — Esto no es una injusticia ni una crueldad. — Si un padre es inmensamente rico, ricos serán sus hijos..., pero si ese padre dilapida su hacienda y se queda sin nada, aunque no tengan culpa, sus hijos nacerán en la pobreza, ¡esto es natural!... Así fue con nosotros. — Nadie más rico que Adán, nosotros también debíamos serlo, así lo quiso Dios... pero todo lo perdió él y nacimos sus hijos desnudos en el cuerpo y en el alma, ¡qué pena!, pero es la verdad.
4.° María Inmaculada. — Contempla ahora el alma de María al entrar en el mundo. — También ella debía ser como nosotros y nacer como nosotros... pero Dios la exceptúa y Ella sola... la única... nace tal, cual se formó en las manos del Señor... pura... limpia... sin mancha... inmaculada. — Detente a admirar esta hermosura y a felicitar a María por ser inmaculada. — Mira a los ángeles acompañándola con palmas y celebrando su entrada en este mundo que no es una derrota como en nosotros, sino un triunfo sobre la serpiente. — Canta con los ángeles alabanzas a la Virgen, al verla así tan hermosa aparecer en la tierra. — No ha habido, ni habrá flor más blanca que el alma de María en su concepción. — Piensa además, cómo por no pecar, no debió de sufrir, ni padecer, ni morir, pero Dios quiso que fuera así, para ser como su Hijo, que por amor se abrazó a la Cruz. Esto es: en Ella, el sufrimiento no fue como en nosotros por castigo, sino por amor a Dios, para ser como Jesús... y por amor a los hombres, para servirnos de consuelo. — Dala gracias por ello, y anímate a sufrir como Ella y a amar la Cruz también como Ella.
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.Gálatas 5:16-23

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