por la Santísima Virgen no le faltó la comida en una cueva (espiritusantoshalom1.blogspot.com)
Cuando alguno incurre en una culpa, ¿qué remedio mejor hallará que acudir en seguida al Santísimo Sacramento? Sí, Jesús mío, así propongo hacerlo siempre, mayormente sabiendo que el agua de esta vuestra fuente, no sólo me lava, sino que también me da luz y fuerza para no recaer y para sufrir alegremente las contrariedades, y a la vez me inflama en vuestro amor.
Sé que con este fin me esperáis y que recompensáis con abundantes gracias las visitas de los que os aman. ¡Ah, Jesús mío!, purificadme de cuantas faltas hoy he cometido; arrepiéntome de ellas por haberos disgustado. Dadme fuerzas para no recaer, concediéndome grande anhelo de amaros mucho.
¡Oh, quién pudiera permanecer cerca de Vos, como lo hacía aquella fidelísima sierva vuestra, María Díaz, que vivió en tiempo de Santa Teresa, y obtuvo licencia del Obispo de Ávila para habitar en la tribuna de una iglesia, donde casi de continuo asistía ante el Santísimo Sacramento, a quien llamaba su vecino, sin apartarse de allí sino para ir a confesarse y comulgar.

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