nuestra alma es algo muy grande a los ojos del demonio

 


nuestra alma es algo muy grande a los ojos del demonio, toda vez que esta tan atento a no dejar perder ocasión de tentarnos, a fin de perdernos y arrastrarnos a compartir su desgracia?. Mas si, por una parte, hemos visto como nuestra alma es algo grande, cuanto la ama Dios, cuanto padeció para salvarla, los bienes que le prepara en la otra vida ; y por otra parte, hemos visto todas las astucias y lazos que el demonio nos tiende para perderla, ¿Qué habremos de pensar de todo esto? ¿Qué estima haremos de nuestra alma?. ¿Qué precauciones tomaremos por ella?. ¿Hemos pensado siquiera una vez en su excelencia y en los cuidados que respecto a ella debemos tener?.

¿Qué hacemos de esa alma que tanto ha costado a Jesucristo?. ¡Que es cómo si la tuviésemos únicamente para hacerla desgraciada y causarle sufrimientos!... La consideramos menos estimable que los más viles animales; a las bestias que tenemos en la cuadra, les damos de comer; cuidamos muy bien de cerrar las puertas a fin de que los ladrones no nos las roben; cuando están enfermas, acudimos pronto en busca del veterinario para que las cure; a veces hasta nos sentimos conmovidos viéndolas sufrir. Y esto ¿lo hacemos por nuestra alma?. ¿Nos preocupamos de alimentarla con la gracia, o mediante la frecuencia de sacramentos?. ¿Cuidamos de cerrar las puertas para que los ladrones no nos la roben?. ¡Ay!, confesémoslo para nuestra vergüenza, la dejamos perecer de miseria; dejamos que nuestros enemigos, que son las pasiones, la desgarren; dejamos abiertas todas las puertas; llega el demonio del orgullo, y le permitimos entrar para asesinar y devorar a la pobre alma; llega el de la impureza, y también entra, para ensuciarla y corromperla. «Pobre alma, nos dice San Agustín, en muy poca estima eres tenida. El orgulloso lo vende por un pensamiento de soberbia, el avaro por un pedazo de tierra, el beodo por un vaso de vino, el vengativo por un pensamiento de venganza!».

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