le hizo ver la manera cómo el demonio tentaba a sus religiosos



 Jamás, pues, dejemos de permanecer en guardia, por terror de que, en el momento menos pensado, el demonio nos engañe. Cuéntanos San Francisco que un día el Señor le hizo ver la manera cómo el demonio tentaba a sus religiosos, sobre todo contra la virtud de la pureza. Vio una multitud de demonios que se entretenían arrojando flechas contra aquellos religiosos; unas retornaban violentamente contra los mismos demonios que las arrojaran: entonces estos huían dando tremendos alaridos; otras, al dar contra aquellos a quienes iban dirigidas, caían a sus pies sin causarles daño alguno; otras penetraban enteras y los atravesaban de parte a parte. Para rechazar las tentaciones.

nos dice San Antonio, hemos de servirnos de las mismas armas: así, cuando nos tienta con el orgullo, debemos al momento humillarnos y rebajarnos ante Dios; si quiere tentarnos contra la santa virtud de la pureza, debemos esforzarnos en mortificar el cuerpo y los sentidos, vigilándonos con más diligencia que nunca. 

Si quiere tentarnos por medio del fastidio en la hora de la oración, deberemos redoblar esta y poner atención más diligente; y cuanto más el demonio nos induzca a dejar las oraciones de costumbre, mayor número de ellas habremos de rezar. 

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