Quien ama a Jesús, está con Jesús, y Jesús
está con él." Cuando San Felipe Neri comulgó por Viático, al ver entrar el
Santísimo Sacramento, exclamó: Aquí está
el amor mío, aquí está el amor mío. Diga, pues, cada uno de nosotros en
presencia de Jesús Sacramentado: Aquí está el amor mío; éste es y será el
blanco de mis amores, durante toda mi vida, por toda la eternidad.
Vos, Señor y Dios mío, dijisteis en el
Evangelio, que quien os ame será amado de Vos más que otra cosa.
Venid, y asentad vuestra habitación en la
pobre casa de mi alma, de tal suerte, que nunca os apartéis de mí; o, por mejor
decir, que jamás os despida yo a Vos. Vos nunca os ausentáis si no sois
despedido. Mas así como os arrojé de mí en lo pasado, temo me vuelva a suceder
tamaña desgracia en lo venidero.
¡Ah! No permitáis que acaezca en el mundo
esta nueva maldad y horrenda ingratitud: que yo singularmente favorecido de Vos
con tantas gracias, llegue a echaros otra vez fuera de mi alma. Mas ¡ay! Que
puede suceder...Por eso, Señor, prefiero la muerte, si es de vuestro agrado,
para que muriendo unido con Vos, con Vos viva eternamente.
Sí, Jesús mío, así lo espero. Os abrazo y
estrecho en mi pobre corazón; haced que siempre os ame, y siempre sea amado de
Vos. Sí, Redentor mío amabilísimo, siempre os amaré, y siempre me amaréis.
Espero que nos amaremos siempre, ¡oh, Dios de mi alma!, por toda la eternidad.
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