Virgen Dolorosa, alma grande en las
virtudes y grande en los dolores, enséñame a sufrir contigo, imitando tu
entrega y fortaleza que nacen del gran incendio de amor que tienes a Dios, pues
tu corazón no sabe amar más que a él.
Madre mía, ten compasión de mí que no
he amado a Dios y que tanto le he ofendido. Tus dolores me dan gran confianza
de conseguir el perdón. Pero con esto no basta, quiero amar a mi Señor.
¿Y quién mejor que tú,
Madre del amor hermoso, me lo puede alcanzar?
María, tú que consuelas a todos,
consuélame también a mí. Amén.

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