Jesús estaba en el Sacramento con las manos llenas de gracias

 


El V. P. Baltasar Álvarez vio que Jesús estaba en el Sacramento con las manos llenas de gracias buscando a quien dispensarlas. Y Santa Catalina de Siena, siempre que se acercaba al Santísimo Sacramento, llegábase con aquella prisa y ansia amorosa con que un niño se acerca al pecho de su madre.

 

¡Oh, amadísimo Unigénito del Eterno Padre!, conozco que sois el objeto más digno de ser amado; deseo amaros cuanto merecéis, o, a lo menos, cuanto puede un alma desear amaros. Harto comprendo que yo, traidor y rebeldísimo a vuestro amor, ni merezco estar cerca de Vos, como estoy a hora en esta iglesia; pero sé también que Vos buscáis mi amor, y sé que me decís: Hijo mío, dame tu corazón. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.

 

Conozco que me habéis conservado la vida y no me habéis precipitado en el infierno para que me convierta enteramente a vuestro amor. Y pues aún queréis ser amado de mí, aquí me tenéis, Dios mío, a Vos me rindo, a Vos me entrego, ¡oh Dios!, que sois todo bondad y amor. Os elijo por único Rey y Señor de mi pobre corazón; Vos lo queréis y yo quiero dároslo; frío es y asqueroso, pero si le aceptáis, Vos le mudaréis.

 

Mudadme, Señor mío, mudadme; no quiero vivir como en lo pasado, tan ingrato y tan poco amante para vuestra bondad infinita, que tanto me ama y merece infinito amor. Haced que, de hoy en adelante compense todo el amor que he dejado de teneros en la vida pasada.

 

Comentarios