a pesar de mi miseria, con Tu ayuda puedo volverme santo

 



Allí Te revelas a mi, oh Infinito,

Y me dices dulcemente: dame el corazón, dámelo.


Una silenciosa conversación Contigo, a solas,

Es como vivir momentos celestiales,

Y decir a Dios:  Te daré mi corazón, Señor, Te lo daré,

Y Tu, grande e infinito, lo aceptas amablemente.


El amor y la dulzura, he aquí la vida de mi alma

Con Tu continua presencia en ella.

Vivo en la tierra en un éxtasis perenne

Y como un Serafín repito Hosanna.


Oh, Oculto, con el cuerpo, el alma y la divinidad,

Bajo las tenues apariencias del pan,

Tú eres mi vida, de Ti las gracias brotan para mí en abundancia,

Tú eres para mí por encima de las delicias del cielo.


Cuando Te unes a mi en la Comunión, oh Dios,

Entonces siento mi grandeza inconcebible,

 Que me viene de Ti, oh Señor, lo reconozco humildemente,

Y, a pesar de mi miseria, con Tu ayuda puedo volverme santa.


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