Tan grande amor de María merece de nosotros
absoluta gratitud. Y nuestro agradecimiento ha de consistir, al menos, en
meditar y compadecer su dolor. De esto se dolió con santa Brígida, que muy
pocos la compadecían y la mayor parte vivían sin pensar en ella. Por eso, hija
mía –le dijo la Virgen– aunque muchos me olviden, tú sin embargo, no te olvides
de mí; contempla mi dolor, compadécete cuanto puedas e imítame.
Cuánto agradece la Virgen el que se haga
memoria de sus dolores, se ve por lo sucedido el año 1239 cuando se apareció a
siete devotos suyos –que luego fueron los fundadores de la congregación de los
Siervos de María– y les impuso un hábito negro diciéndoles que si querían
complacerla, meditasen con frecuencia sus dolores, que por eso quería que en
recuerdo de los mismos llevasen aquel vestido negro.
El mismo Jesús reveló a la beata Mónica de
Binasco que él se complace mucho en ver que se siente compasión por su Madre, y
así le habló: Hija, agradezco mucho las lágrimas que se derraman por mi pasión;
pero amando con amor inmenso a mi Madre María, me es sumamente grata la
meditación en los dolores que ella padeció en mi muerte.
Por eso son tan grandes las gracias
prometidas por Jesús a los devotos de los dolores de María. Refiere Pelbarto
haberse revelado a santa Isabel, que san Juan, después de la Asunción de la
Virgen, ardía en deseos de verla; y obtuvo la gracia pues se le apareció su
amada Madre y con ella Jesucristo. Oyó que María le pedía a su divino Hijo,
gracias especiales para los devotos de sus dolores. Y Jesús le prometió estas
gracias especiales:
1ª. Que el que invoque a la Madre de Dios
recordando sus dolores, tendrá la gracia de hacer verdadera penitencia de todos
sus pecados.
2ª. Que los consolará en sus tribulaciones,
especialmente en la hora de la muerte.
3ª. Que imprimirá en sus almas el recuerdo
de su Pasión y en el cielo se lo premiará.
4ª. Que confiará esos devotos a María para
que disponga de ellos según su agrado y les obtenga todas las gracias que
desee.
En comprobación de todo lo dicho, veamos en
el siguiente ejemplo, cuánto ayuda para la salvación eterna, la devoción a los
dolores de María.
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