Parecería justo que la Iglesia, en este día
de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo, nos invitara a llorar más
que a la alegría, ya que nuestra dulce madre se va de esta tierra y nos deja
privados de su amada presencia; como decía san Bernardo: “Parece que más que
aplaudir debemos llorar”. Pero no, la santa Iglesia nos invita al júbilo:
“Alegraos todos en el Señor al celebrar este día en honor de santa María
Virgen”. Y con toda razón, porque si amamos a ésta nuestra madre, debemos
congratularnos más de su gloria que de nuestro consuelo personal. ¿Qué hijo no
se alegraría, aunque tuviera que separarse de su madre, si supiera que ésta va
a tomar posesión de un reino? Hoy María va a ser coronada reina del cielo,
¿cómo no celebrar la fiesta si verdaderamente la amamos? Alegrémonos todos,
alegrémonos”. Y para que más gocemos con su exaltación, consideremos:
1) Glorioso triunfo de María al entrar en el cielo.
2) Excelso es el trono al que fue sublimada en la gloria.

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