María se ofrece también a sí misma

 



Aunque María, desde que fue hecha Madre de Jesús consintió en su sacrificio, sin embargo quiso el Señor que en este día hiciera en el templo el solemne sacrificio de sí misma al ofrecerle solemnemente su Hijo y su vida preciosa en sacrificio a la divina justicia. Por eso san Epifanio dijo que la Virgen fue como un sacerdote.

Entremos a considerar cuánto dolor le costó semejante sacrificio y cuán heroica la virtud que hubo de ejercitar al tener que aceptar la sentencia de muerte de su amado Jesús.

María se dirige a Jerusalén para ofrecer a su Hijo. Camina presurosa llevando en brazos a su amada víctima. Entra en el templo, y allí, llena de modestia, humildad y devoción, presenta al Altísimo a su divino Hijo.

Y he aquí que, al mismo tiempo, el anciano Simeón, que había recibido de

Dios la promesa de que no moriría sin ver al Mesías esperado, toma de manos de la Virgen al divino infante e, iluminado por el Espíritu Santo, le anuncia cuánto le había de costar el sacrificio que estaba ofreciendo de su divino Hijo, con el cual

juntamente sería sacrificada su bendita alma.

Santo Tomás de Villanueva contempla al santo anciano, turbado y silencioso al tener que anunciar tan dolorosa nueva a esta pobre madre. El santo finge, como si María le preguntase: ¿Por qué te turbas en medio de tanta alegría? A lo que el anciano le responde: “Virgen nobilísima, no quisiera anunciarte cosas tristes; no quisiera ser nuncio de nuevas tan amargas, pero ya que así lo quiere el Señor y para mayores méritos tuyos, oye lo que te digo: Este niño que ahora te reporta tanta gloria con razón, un día te procurará el dolor más acerbo que jamás ha probado ninguna criatura; esto sucederá cuando lo veas perseguido por toda clase de gentes y hecho el escarnio y la burla de la plebe hasta hacerlo morir ejecutado ante tus ojos. Muy feliz eres ahora por causa de este niño, pero mira que está puesto como bandera discutida. Has de saber que después de la muerte de tu Hijo habrá muchos que por amor de este Hijo tuyo serán atormentados y matados; pero si su martirio será en el cuerpo, tu martirio, divina Madre, será en el corazón”.


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