¿Para qué ha colocado Jesucristo en manos de María su madre todas las
riquezas de su misericordia que quiere otorgarnos, sino para que enriquezca a todos los devotos que la aman, la honran y acuden a ella con confianza? “Yo poseo todas las riquezas para regalarlas a quienes me aman” (Prov 8, 17; 21). Así se expresa la misma Virgen en este pasaje que la Iglesia santa le aplica en tantas festividades. Estas riquezas las posee María –dice el abad Adán– precisamente para ayudarnos. En su seno ha colocado el Salvador el tesoro de los necesitados, para que así los pobres se hagan ricos. Y añade san Bernardo, que para esto se ha dado al mundo María como acueducto de misericordia para que por este medio bajaran continuamente las gracias del cielo a los hombres.
El mismo santo, considerando por qué san Gabriel, habiendo encontrado a María llena de gracia la saludó diciéndole: “Alégrate, llena de gracia”, después añade que cómo vendrá sobre ella el Espíritu Santo para llenarla de más gracia todavía, si ya estaba llena de gracia: “¿Para qué otra cosa sino para que, al llegar el Espíritu Santo y encontrarla llena para sí misma, la hiciera rebosar en favor nuestro? Ya estaba llena, pero vino el Espíritu Santo sobre ella para nuestro bien, para que de su sobreabundancia nos proveyéramos todos. Que por eso María es llamada “luna llena, para sí misma y para los demás”.
“El que me encuentre encontrará la vida y alcanzará del Señor la salvación” (Pr 8, 35). Bienaventurado el que me encuentra y a mí recurre, dice nuestra Madre. Encontrará la vida con facilidad; así como es fácil sacar agua de un manantial abundante, mucho más lo es encontrar la gracia y la salvación eterna recurriendo a María. Decía un alma santa: “Basta buscar la gracia en María para encontrarla”. Decía san Bernardo que antes de nacer la Virgen no había en el mundo la abundancia de gracias que ahora vemos correr sobre la tierra porque nos faltaba este acueducto tan deseable por el que pudieran discurrir, que es María. Pero ahora que ya tenemos a esta Madre de misericordia ¿qué gracia nos puede faltar si acudimos a ella? San Juan Damasceno le hace decir: “Yo soy la ciudad de refugio para todos los que a mí acuden; venid pues, hijos míos, y obtendréis de mí las gracias con más abundancia de los que podéis pensar”.

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