Fidelidad en la adversidad

  


 No te acongojes si el viento lo azota y sacude. Porque es necesario que el viento de las tentaciones sople para derribarlo y que las nieves y heladas le envuelvan para hacerlo morir. Es decir, que la consagración total a la Santísima Virgen tiene que ser necesariamente atacada y tomada por blanco de contradicción. Pero, si perseveras en cultivarlo, no tienes que temer nada.

Conclusión: Jesucristo, fruto de María

 Te aseguro que si cultivas así el árbol de la vida recién plantado en ti por el Espíritu Santo, en breve crecerá tanto que las aves del cielo vendrán a morar en él. Será tan perfecto que dará a su tiempo el fruto de honor y de gracia, el amable y adorable Jesús, que es y será siempre el único fruto de María.

¡Feliz el alma en quien ha sido plantado el árbol de la vida que es María! ¡Más feliz aquella en quien puede crecer y florecer! ¡Más feliz aún aquella en quien puede dar fruto! ¡Pero mucho más feliz aquella que goza de su fruto y lo conserva hasta la muerte y por los siglos de los siglos! Amén


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