a Adán pidiendo misericordia

 


  Adán pidiendo misericordia después de su pecado. No solamente el Señor le perdona a él, sino además a toda su descendencia; le promete su Hijo, que deberá encarnarse, sufrir y morir para reparar su pecado. Ved a los ninivitas, grandes pecadores, a quienes el Señor envió el profeta Jonás, para que les avisase que iba a castigarlos de la manera más espantosa: a saber, haciendo bajar fuego del cielo (Jon.; III; 4.). Se entregan todos a la oración, y el Señor los perdona.

Hasta en aquella ocasión en que el Señor se decidió a destruir el mundo por el diluvio universal, si aquellos pecadores hubiesen recurrido a la oración, con seguridad el Señor los hubiera perdonado. Y si proseguís leyendo las Escrituras, veréis a Moisés sobre la montaña, mientras Josué lucha con los enemigos del pueblo de Dios. Cuando Moisés ora, los israelitas vencen ; más, en cuanto cesa su oración, los israelitas son vencidos: Ved aún al mismo Moisés pidiendo al Señor que perdone a treinta mil culpables a los cuales había resuelto perder : con sus oraciones, forzó, por decirlo así al Señor a perdonarlos. «No, Moisés, le dijo el Señor, no intercedas por este pueblo, no quiero perdonarle.» Moisés continúa en su oración, v el Señor es vencido por las preces de su siervo, y perdona a su pueblo. ¿Qué hace Judit para librar a su patria de aquel su temible enemiga? Acude a la oración y, llena de confianza en el Señor ante quien se acaba de postrar, va a la morada de Holofernes, le corta la cabeza y salva a su patria. Ved al piadoso rey Ezequías, a quien el Señor envió un profeta para advertirle que pusiese en orden sus negocios, pues iba a morir, Prosternóse delante del Señor, suplicándole que no le arrebatase aún de este mundo. Movido el Señor por sus oraciones, concedióle quince años más de vida. Si seguís adelante, veréis al publicano que, reconociéndose culpable, acude al templo para implorar de Dios el perdón. El mismo Jesucristo nos dice que sus pecados le fueron perdonados. Ved a la pecadora, prosternada a los pies de Jesús, orando con lágrimas en los ojos. Y ¿no le responde Jesucristo: «Te son perdonados tus pecados»?. El buen ladrón, aunque lleno de los más enormes crímenes hace oración desde la cruz, y no sólo Jesucristo le perdona, sino que le promete que en aquel mismo día estará en el cielo con Él. Si tuviésemos que citar a cuantos han alcanzado el perdón orando, tendríamos que enumerar a todos los santos que fueron pecadores; ya que por la oración tuvieron la dicha de reconciliarse con Dios, el cual dejóse conmover por sus súplicas.


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