para purificarse de toda amargura de los ángeles malos



 Decía el abad Pastor: «Escrito está: "Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios" (Sal 42,1). En la soledad los ciervos devoran muchas serpientes, y como el veneno les quema, se apresuran a llegar a la fuente y al beber apagan la quemadura del veneno. Lo mismo ocurre con los monjes que viven en el desierto. El veneno de los demonios malignos les quema y por eso desean el sábado y el domingo acercarse a las fuentes de las aguas, es decir al Cuerpo y a la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, para purificarse de toda amargura de los ángeles malos». 

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