Todo
envenenamiento y hechicería de personas corruptoras y envidiosas, de modo que
debajo de ti tu suplicante protegido te cante con gratitud: “el Señor es mi
Salvador y no tendré temor de lo que pueda hacerme el hombre; no tendré temor
del Mal porque tu estás conmigo”, tu eres mi Dios, mi fuerza, mi Poderoso
Señor. Señor de la Paz ¡Padre de los siglos futuros!
Sí Señor
Dios nuestro ¡ten compasión de tu imagen y salva a tu siervo!, salva a tus
siervos de todo daño o amenaza procedentes de maleficios, protégelos
poniéndolos por encima de todo mal, por la
Intercesión
de la más que bendita y gloriosa Señora, la Madre de Dios y Siempre Virgen
María, de los resplandecientes Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, de los
Santos Ángeles custodios y de todos tus Santos.
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