Murio después de abandonar a Cristo, este fue su destino

 


Refiérese en la historia que un hombre de mundo, que durante largo tiempo había vivido en el mayor desorden, se convirtió y perseveró una temporada en aquellas buenas disposiciones; pero al fin recayó, sin pensar ya más en volver a Dios. Sus amigos no cesaban de orar por él; más él despreciaba todo cuanto se le advertía para su bien. En aquella misma época anunciáronse ejercicios, los cuales debían darse al poco tiempo. Creyóse que aquellas circunstancias serían oportunas para mover al pecador aquel a aprovechar la ocasión que Dios le ofrecía de poder entrar de nuevo en el camino de la salvación. Tras muchas súplicas e instancias por parte de sus amigos, y después de haber él rehusado y resistido obstinadamente, al fin accedió, dando palabra de que asistiría a los ejercicios con los demás. Mas ¡ay! ¿qué aconteció? ¡Oh! ¡cuán temibles e impenetrables son los juicios de Dios! La mañana misma en que se le aguardaba, que era el día en que los ejercicios iban a comenzar, súpose que aquel hombre había sido hallado muerto en su casa, sin conocimiento, sin socorro alguno, sin sacramentos.

¿Nos convenceremos de una vez de lo que es vivir en pecado con la esperanza de que un día saldremos de él?.


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