El. Monje que se llamaba burro

 




 El abad Pastor oyó, en una asamblea, hablar del abad Nisterós. Quiso verle y pidió al superior de Nisterós que se lo enviara. El superior no quiso que fuera solo y no le dijo nada. Pocos días después el ecónomo del monasterio pidió al abad permiso para ir a ver al abad Pastor y abrirle su alma. El abad le dio permiso y le dijo: «Lleva contigo a ese hermano, pues le ha mandado llamar el anciano y por no enviarlo solo he retrasado hasta hoy el enviárselo. Llegó el ecónomo al abad Pastor, le habló de sus cosas y quedó muy consolado con sus respuestas. Luego el anciano preguntó al hermano: «Abad Nisterós, ¿cómo has llegado a esa tan alta virtud que callas y no te entristeces cuando la tribulación castiga al monasterio?». Después de muchos ruegos del anciano, el hermano le dijo: «Perdóname, Padre, pero cuando entré en el monasterio me dije: "¡Tú y el burro una sola cosa¡ Se le golpea y no habla, se le injuria y no responde. Haz tú lo mismo". Es lo que se lee en el Salmo: "Una bestia era ante ti, pero a mi, sin cesar, junto a ti, de la mano derecha me has tomado"». (Sal 72, 22-23).


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