Jesus le mostró a santa Brigida :
Este hombre, un abad de la orden cisterciense, ha enterrado a una persona que había estado excomulgada. Cuando estaba rezando la oración correspondiente sobre él, Doña Brígida, en rapto espiritual, escuchó esto: ―Él utilizó su poder y lo enterró. Puedes estar segura de que el próximo entierro después de éste será el suyo, pues pecó contra el Padre, quien nos ha dicho que no mostremos parcialidad ni honremos injustamente a los ricos. Por un favor propio, perecedero, este hombre honró a una persona indigna y lo situó entre los dignos, cosa que no debió hacer. Ha pecado contra mí también, el Hijo, porque Yo he dicho: ―Aquél que me rechace será rechazado‖. Este hombre honró y exaltó a alguien que mi Iglesia y mi vicario habían rechazado‖. El abad se arrepintió cuando oyó estas palabras y murió al cuarto día.
Le dijo Jesús en esta misma visión a la Santa :Yo, que soy la verdad, juro por mi verdad que lo condenaré como a una ramera, a fuego y azufre; como a un traidor insidioso, a la mutilación de sus miembros; como a un bufón del Señor, a la vergüenza eterna. Sin embargo, mientras su alma y su cuerpo permanezcan unidos, mi misericordia está aún abierta para él. Lo que exijo de él es que atienda con mayor frecuencia los divinos servicios, que no tenga miedo de ningún reproche ni desee ningún honor y que nunca vuelva a tener ese siniestro nombre en sus labios.
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